jueves, 2 de enero de 2014

Federalismo suena bien

Federalismo suena bien
En la vorágine política en la que nos tienen sumidos en Cataluña el independentismo gobernante en torno a lo que han llamado el derecho a decidir, parece ser que se está fraguado cierta reacción de izquierdas que se considera federalista y se aglutina en torno a la idea de promover una estructura federal del Estado Español. Resulta refrescante en la medida que ayuda a romper el pensamiento único imperante en Cataluña pero, aunque cada vez son más combativos con el independentismo, en realidad no deja de ser una postura en gran medida vacua que insiste en incidir en la cuestión territorial como eje central de la política en Cataluña, a pesar de que la coyuntura que vivimos está muchísimo más condicionada por el paro, la precarización laboral, la desigualdad y los recortes en el estado de bienestar.
No es que me oponga al federalismo ni mucho menos, la cuestión es que no deja de ser una posición que fundamenta su atractivo en la equidistancia entre el independentismo y cualquier postura – hablemos claro - que parezca demasiado cercana al PP y que se juzga por parte de estos federalistas como inmovilista si no tendente a la recentralización estatal. Seamos francos, el actual gobierno del PP se está mostrando muy involucionista en muchos campos, pero en lo que se refiere a la estructura territorial del estado, todavía, no ha hecho nada particularmente elocuente al respecto. Desde luego, las comunidades autónomas han visto muy reducida su capacidad de acción ante un límite de deuda que, no olvidemos, viene dictaminado desde las instituciones europeas pero, vamos, el gobierno de Rajoy no ha hecho como el de Putin en su momento, de reducir las federaciones de Rusia a meras divisiones administrativas.
Así pues, estos federalistas que se proponen construir una estructura federal para el Estado Español, en realidad, no concretan para qué es necesario ni en qué se concretaría este cambio, quizá sin tener presente que la mayoría de estudiosos del tema engloban el Estado de las Autonomías español dentro de las estructuras de estado de tipo federal. Por supuesto, con esto no niego que son pertinentes reformas que profundicen en la estructura federal del Estado de las Autonomías, especialmente en lo que se refiere en los mecanismos de cooperación, por ejemplo en la siempre pendiente reforma del Estado o racionalización administrativa, eliminando redundancias o niveles provinciales. Pero no nos engañemos, por muy oportunas que sean, esto no dejan de ser reformas a lo que ya existe y no hace falta ponerse pomposos con la elegante denominación de federalismo. En el actual contexto político, de hecho, no deja de ser una cuestión menor ante retos mucho más relevantes y críticos.
Insisto, actualmente es infinitamente más relevante y urgente abordar cuestiones como el paro, la precarización laboral, la desigualdad o los recortes en el Estado de bienestar (habría más, desde luego, transparencia, representatividad, división de poderes...) que están siendo soslayadas por el inacabable debate territorial que llevan más de 30 años empujando los nacionalistas. No tengo la menor duda que lo verdaderamente revolucionario, lo verdaderamente de izquierdas, sería romper totalmente con el esquema mental del nacionalismo en el que la cuestión territorial tiene un papel preponderante y procurar llevar al centro del debate político estas cuestiones que, de hecho, son las que verdaderamente preocupan a la ciudadanía (y a la clase trabajadora ya ni te cuento).

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Juno o cómo hacer una película indie. Puro spoiler

Juno o cómo hacer una película indie
Puro spoiler
Mi prejuicio sobre Juno (2007) no podía ser más que positivo ante las positivas críticas que había leído, su Óscar al mejor guion original y la polémica que había generado entre tirios y troyanos sobre las sensibles cuestiones del aborto y el embarazo adolescente. Todo apuntaba a que tenía que ser una película interesante. Pero me he encontrado con una bobada pretenciosa y a la vez simplona. En realidad es una película engañosa. Si bien el metraje de la cinta se centra en el embarazo de una adolescente, no deja de ser una cuestión secundaria en la película, lo que realmente se narra es una forzada e irreal historia de amor.
La protagonista es una encantadora e ingeniosa adolescente que goza de una independencia envidiable, quimérica, totalmente inverosímil. Tiene la desgracia de quedarse embarazada en su primer contacto sexual con el chico que apunta a su primer noviete. El típico chavalillo majo pero paradito con todas las papeletas de ser el pagafantas perfecto. Se deja copiar en clase siempre que haga falta, siempre disponible, ni una mala cara... Por muy película que sea, todos sabemos que esa estrategia no ha funcionado por los siglos de los siglos. La deliciosa muchacha, ni corta ni perezosa, va a una clínica de abortos como el que va a una tienda de ropa. Quizá dando a entender lo trivial que se ha convertido semejante circunstancia en su generación, pero es un suponer. Con todo, se siente incómoda en la sala de espera y decide que mejor parir y dar el niño en adopción. No se sabe muy bien por qué, pero como es una chica tan independiente y espontánea, la cosa se queda ahí. La familia lo acepta con menos dificultades que con las que se suele aceptar que la niña se haga un tatuaje. Llamativo al tratarse el padre de un exmilitar, pero se trata de un padre abnegado, permanentemente cariñoso, con consejos oportunos y siempre disponible para cuando la prota le necesite, cosa totalmente inverosímil al tratarse de un autónomo instalador de calderas y aires acondicionados.
Mientras avanza su gestación, por cierto, aparentemente más leve que la mayoría de mis anginas, la muchacha, que hace lo que quiere y llega a casa a la hora que le da la gana sin que se resientan ni padres ni estudios, hace buenas migas con los padres adoptivos que ha escogido y les hace tantas visitas que se convierten en el centro de la película. Conecta más con el tío que con la tía, pero advierte la vocación maternal de la hembra. El clímax llega cuando el marido decide dejar a su esposa, presumiblemente porque el desparpajo de la protagonista le ha hecho comprender que vivía sometido por las aspiraciones de su mujer. Entonces la prota se decepciona con él y con las relaciones de pareja, pero afortunadamente su disponible padre le explica que el secreto del amor es conformarse y entonces la chica inmediatamente entiende que su pagafantas es el novio perfecto. Son felices, comen perdices y ya solo queda quitarse el parásito de su vientre. Se lo quita y disfruta de su amor que es tan original que primero procrean y luego tienen la relación. Tal cual, literalmente, palabras de la prota.
Sí, esta inconmensurable chorrada es el argumento de la película. A pesar de toda la parafernalia, no deja de ser una convencional comedieta romántica totalmente inverosímil y, lo que es más preocupante, que frivoliza una cuestión tan compleja como el embarazo adolescente. No pretende ser una reflexión, ni una crónica ni una denuncia ni nada parecido, el embarazo no es más que un desmesurado artificio para nada más que dotarle de originalidad al romance. No hay conflictos por ningún lado, todos los personajes son encantadores, comprensivos, tolerantes, una explosión de madurez emocional generalizada en pleno Minnesota.
La película engaña porque se reviste de un pretencioso cascarón que hace presuponer profundidad pero que no es más que una reproducción de los patrones del cine indie. Hoy en día la etiqueta de cine indie ha trascendido la mera cuestión de distribución y se ha consagrado como un verdadero estilo alternativo, que tiende a procurar reflejar la realidad social y cultural con historias más minimalistas que combinan lo costumbrista, lo cómico y lo dramático y en las que los diálogos adquieren una especial relevancia. La historia de Juno se inserta en una estereotipada familia divorciada de clase trabajadora de algún suburbio de un Estado cualquiera de los EE.UU., como Minnesota (no ahorrarse detalles de la crudeza climática o paisajística como en Fargo), en oposición al prototipo clásico hollywoodiense de la familia nuclear de clase media californiana que tan bien caricaturiza American Beauty. Este cambio respecto a los patrones cinematográficos reviste a cualquier historia de verosimilitud, de naturalidad, de realidad. Es importante no ahorrarse detalles embrutecedores como una ridícula madrastra esteticien. La película gira en torno a una chica pizpireta e independiente, cual Winona Ryder de Reality Bites, arrebatadora e ingeniosa, amor ideal del guionista que en su perfección no es más que el vehículo de sus frases más brillantes. Sin duda, resulta refrescante frente al prototipo de diva que no es más que un objeto del deseo del protagonista macho, pero no deja de ser un personaje estereotipado, plano y vacío. No pueden faltar las referencias de cultura pop como películas de terror o cómics al uso de cualquier película de Kevin Smith. Y, por supuesto, la música. La música es el recurso primero del director para crear ambientes y emociones y el abuso del pop indie reviste a la película de una delicadeza y profundidad que no tiene. Una banda sonora protagonizada por Jennifer López, Eminem o Pitbull hubiese generado, sencillamente, otra película. El director no se ahorra planos interminables e innecesarios para lucimiento de la banda sonora, prácticamente pequeños videoclips, que solo disfrutarán los muy entusiastas del género musical. Lo paradójico es que la protagonista se confiesa como intolerante fanática del punk de los setenta, género totalmente inexistente en la banda sonora.
En resumen, se trata de una película absurda, simple, que frivoliza cuestiones graves y que fundamenta su éxito en una mezcla de elementos característicos del cine indie que pueden dar a entender que la historia explica más de lo que verdaderamente explica. Todo estilo genera su manierismo y el desproporcionado éxito de Juno, que no es más que un mero ejemplo de manierismo de cine indie, es una señal de lo maduro que está el estilo en cuestión.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Descomposición y caída del catalanismo político

Hay que reconocerlo, nos tienen bien entretenidos. Hoy han abierto un nuevo acto en este prolijo sainete que desde hace años es la política catalana. Lo han hecho con la sorprendente cabriola que representa un referéndum con dos preguntas condicionadas. "¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado?". Y en caso de que la respuesta sea afirmativa, una segunda cuestión: "¿Quiere que este Estado sea independiente?". Los creadores de tan confuso artificio, al cual tienen la osadía de considerar un logro en claridad, lo están celebrando como un éxito, incluso histórico. Pero su euforia no hace más que esconder las dificultades que han tenido los promotores de eso que han dado a llamar el derecho a decidir en ponerse de acuerdo en eso que quieren decidir.
En realidad, los promotores de este extraño derecho a decidir quieren decidir dos cosas contrapuestas a través de dos preguntas complementarias: por un lado la independencia, o mejor dicho, la secesión de España porque es bien sabido que eso de la independencia no lo disfruta ni la propia España; y por otro, que España se constituya como un estado federal, planteándolo de una forma alambicada de difícil comprensión para un ciudadano medio poco familiarizado con sutilezas constitucionales. Huelga decir que la segunda opción está planteada de forma absurda, porque no cabe duda que eso sólo tendría sentido plantearlo al conjunto de españoles, pero a estas alturas de la función no tiene sentido plantearse los absurdos de todo el proceso, especialmente si tenemos en cuenta que a España para ser federal lo único que le falta es el nombre. La cuestión más relevante es la descomposición manifiesta del catalanismo político que revela lo obtuso de la consulta planteada, a parte del hecho que ya se ha descolgado el mismísimo PSC. Ya no hay un objetivo común y sólo se comparte, con reservas, un procedimiento al que llaman derecho a decidir que tiene las horas contadas: Tan pronto imiten a Ibarretxe llevando su plan a las Cortes para obtener su inequívoca negativa. Entonces nos brindarán el nuevo acto de este inacabable sainete que no hace más que poner a prueba la paciencia de los catalanes.
Así pues, el verdadero proceso político que estamos viviendo – si no padeciendo – los catalanes es el ocaso del catalanismo que ha protagonizado la vida política de la comunidad autónoma. Este catalanismo se ha caracterizado por la exaltación del hecho diferencial catalán – especialmente a través de la lengua, pero también a través de la distorsión de la historia-, la búsqueda permanente de mayores cuotas de autogobierno y la pretensión de homogeneidad dentro del arco político y social catalán, en la medida que quien no lo respaldara era expulsado de la propia catalanidad. Su momento culminante fue el proceso de elaboración del Estatuto del 2006 y, como suele suceder, el momento desde el cual sus propias contradicciones le están abocando a su fin.
El rotundo éxito del catalanismo se materializó en la medida que se convirtió en la única ideología política vigente en Cataluña, entre otros factores, por la inanición ideológica de la izquierda con la caída del muro de Berlín. Al convertirse en hegemónico, si no único, los partidos políticos catalanes han llevado una carrera por no quedar atrás en su catalanismo, hasta llegar al final de la pista: la independencia. Esto ha sucedido a velocidad de relámpago. Hace 10 años se pasó de hablar de competencias a hablar de un nuevo estatuto, de ahí al concierto económico, el estado propio, el derecho a decidir y finalmente la independencia. ¿Qué ha pasado en Cataluña para que se evolucionara tan rápido? Nada, la mera dinámica competitiva entre los partidos. Pero esta ya ha empezado a romperse, el PSC ya se ha descolgado de la dinámica, ICV y Unió empiezan tímidamente a moderar la apuesta, la maximización catalanista ha llevado a posicionamientos binarios simples, o todo o nada.
La siguiente pregunta es por qué empiezan a recular algunos partidos catalanistas. Se podría argumentar que nunca han sido independentistas, sino federalistas, confederalistas, lo que sea. Entonces por qué empiezan a predicarlo ahora, con la de tiempo que han tenido para plantearlo y más aún, por qué tiene que materializarse en eso que llaman el derecho a decidir. También se podría argumentar que empiezan a verle las orejas del lobo a través de algo tan prosaico como las perspectivas electorales. Después de tantos años de carrera catalanista se han exaltado los ánimos, los convencidos se han radicalizado y participan entusiasmados en toda performance catalanista. Pero los descontentos también han empezado a movilizarse, particularmente en torno a un partidito nacido en el 2006 como reacción a la exaltación catalanista. A pesar de su menudencia, indefiniciones y errores, ha subido como la espuma y ya apunta en las encuestas a tercera fuerza política en Cataluña. Es decir, va en camino de aglutinar, de convertirse en la verdadera oposición en Cataluña y a medida que la tensión catalanista ahonde en el hartazgo de los catalanes, sumidos en una larga crisis económica que padecen con graves recortes en servicios públicos, puede llegar a convertirse en alternativa de gobierno solo esperando sentado que pase el cadáver político del catalanismo. Para muchos catalanes puede que llegue a ser refrescante un gobierno de la Generalitat que se limite a gobernar sus no pocas competencias.
Es difícil adivinar el futuro, pero el catalanismo a través de su dichosa consulta está abocado a la frustración y con ello a tensar más la situación y habrá que ver cuántos partidos seguirán en la aventura a partir de ese momento. Hasta qué punto podrán conservar la mayoría en Cataluña con esta estrategia solo podrán dilucidarlo los catalanes. Así pues, efectivamente, serán los catalanes los que decidan el futuro de Cataluña.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Delirios españoles de grandeza

DELIRIOS ESPAÑOLES DE GRANDEZA
Es habitual que los nacionalistas catalanistas perciban agravios comparativos respecto al nacionalismo españolista en las críticas que reciben. Es decir, que los que les criticamos no mostramos la misma intensidad crítica con el nacionalismo españolista. La razón es lógica, los catalanes no nacionalistas tenemos que padecer en una intensidad infinitamente más elevada el nacionalismo catalanista que el españolista. Nacionalismo españolista haberlo, haylo, por supuesto. Pero el de carácter identitario es afortunadamente marginal. Hay que sufrir muy a menudo en la televisión y en los forofos el nacionalismo deportivo, que considera interesante un deporte en la medida que triunfa un deportista que ha tenido la casualidad vital de nacer en España. Pero este nacionalismo, aunque genera vergüenza ajena, es relativamente inocuo y basta con hacer zaping en las noticias deportivas o evitar las conversaciones sobre Formula 1.
Donde sí que es ciertamente perjudicial el nacionalismo español y donde no ha recibido las suficientes críticas, es en los delirios de grandeza que demasiado habitualmente muestran los dirigentes patrios. Tanto los de un color como los de otro sintieron la necesidad de sobredimensionar la relevancia española. El riesgo va más allá de hacer el ridículo en la foto de las Azores o acuñando la afortunadamente extinta Alianza de Civilizaciones, que no es poco. El peligro notorio radica en elaborar estrategias que dimensionan erróneamente el país, su capacidad económica y su influencia y por lo tanto, están abocadas al fracaso.
España es en todos los ámbitos un país mediano. Puede ejercer de mediadora en la esfera europea, latinoamericana y mediterránea, lo cual es una suerte que tiene que aprovechar, pero jamás será una potencia. Pretenderlo ser solo le hace perder capacidad de influencia. La economía española tiene una dimensión mediana, acorde a su población, es puntera en contados sectores y padece serias disfunciones que solo con la crisis se han asumido, que no encarado. ¿Cómo puede ser que un país mediano construya la mayor red de tren de alta velocidad del mundo? ¿No fue un derroche de coste-oportunidad motivado, como poco, por un delirio de grandeza absurdo? A nadie le pareció sospechoso que las grandes empresas españolas, mayormente las recién privatizadas, rivalizaran en la arena internacional como grandes multinacionales. ¿De dónde sacaban el capital? Del dinero barato que ha sido sin duda una causa básica de la actual crisis. Todavía no se ha incidido suficientemente en el hecho de que la actual deuda española es fundamentalmente privada, de las grandes empresas y no únicamente en el sector inmobiliario.
Delirio de grandeza que también se manifiesta en la actitud faraónica de nuestros políticos, incapaces de plantear estrategias que no pasen por las grandes obras al igual que por los grandes eventos, donde la sospecha de populismo grandilocuente se entremezcla con la de favorecer los intereses de las grandes constructoras, a raíz de los sonados casos de corrupción y sobre costes en la obra pública que atenazan a los grandes partidos políticos españoles.
Madrid 2020 no es más que la última muestra de este delirio de grandeza. Habrá a quien le sorprenda que por tercera vez consecutiva le denieguen la organización de los JJ OO a Madrid, pero lo verdaderamente incomprensible es que un país mediano como España, máxime con la crisis económica actual, insista en ello 20 años después de haber organizado unos. Desde luego, no hay precedentes. Por favor, no insistan.
Es difícil dilucidar de dónde proviene semejante delirio. Políticos mediocres instalados en el populismo, sin duda. Nuevo rico que mide mal sus límites, quizá. Complejo histórico que tras una atávica decadencia entiende que su lugar en el mundo es el equivalente al que se llegó a disponer, de aquella manera y en perjuicio de los propios españoles, en la Europa del siglo XVI, puede ser. Sea lo que sea, hay que dimensionar España en su justa medida para evitar disfunciones negativas y optimizar estrategias. Cuando un país mediano, por ejemplo, cuenta con los mejores equipos de fútbol, quizá no habrá que verlo como un motivo de orgullo, sino con la preocupación de que puede ser que tengamos equivocadas las prioridades.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La peligrosa vinculación del escrache con el terrorismo

Como es bien sabido, es el tema de moda estos días, las Plataformas de Afectados por la Hipoteca están llevando a cabo una novedosa estrategia de presión, importada de Argentina, que llaman escrache. Comprendo que sea controvertida y genere reservas: Es una novedosa forma de protesta política que llega a los límites de la privacidad y la intimidad individual, en este caso, de los diputados depositarios de la soberanía popular (con escaso acierto por su parte, es importante recordarlo). Se trata de trasladar al ámbito privado de los legisladores las protestas y reclamaciones políticas que se canalizaban hasta el momento a través de las consabidas manifestaciones que ocupan, con nulo éxito, día sí y día también la vía pública.
Es importante reconocerlo, las huelgas y manifestaciones, paradigma reconocido de la protesta democrática, proveniente de las luchas obreras decimonónicas, están más que amortizadas. Son obsoletas como forma de presión, vaya. Su sentido era y es molestar para presionar, debido a la imposibilidad de lograr un mínimo de caso por otros canales. Hoy se ha convertido en parte del ritual democrático y el poder está acostumbrado a ignorarlas hasta el punto de que no tiene reparos en recurrir a ellas para buscar la legitimidad de sus propias reivindicaciones. Cómo olvidar a Artur Mas y los suyos dando toda facilidad logística a sus manifestaciones desde el poder para lograr alardes contables. La disparidad de asistentes a las manifestaciones es una de las consecuencias banales de la degeneración y decadencia de esta forma de protesta.
Las huelgas y manifestaciones, pues, están obsoletas, ya no sirven de nada, no presionan a nadie. Y los escraches de marras no son más que su evolución, un intento de que efectivamente el poder legislativo se sienta presionado, cuanto menos, a nivel personal, diputado a diputado. Es interesante porque vincula directamente al diputado con el pueblo que teóricamente representa y del que tan alejado se encuentra en el cómodo anonimato de las estructuras de su partido. Es decir, en la degeneración democrática en que vivimos, el diputado representa (responde ante) más (incluso únicamente) a su partido que al propio pueblo. Por lo tanto, los escraches son una respuesta al déficit representativo de un sistema teóricamente democrático. Que sean efectivos ya es harina de otro costal. Está por ver y, cuanto menos, de momento lo que están logrando es que se aleje la atención del drama del abusivo y perverso sistema hipotecario español, para que hablemos de la propia práctica de los escraches.
La reacción del Partido Popular (y podríamos decir, no sin sorna, pero probablemente con fundamento, del entorno del Partido Popular) ha sido emprender una perversa pero sobre todo peligrosa campaña mediática de relacionar las Plataformas de Afectados por la Hipoteca con ETA. Sin duda, los miembros de las PAH se deben sentir ofendidos y difamados. Quizá esto del escrache sea ilegal, especialmente en función de como se hayan logrado datos que sean privados y propios de la intimidad del individuo, como puede ser el domicilio de cualquier persona. Pero considerarlo terrorismo está totalmente fuera de lugar.
De hecho, los que principalmente se deberían ofender y preocupar son las verdaderas víctimas de un terrorismo que, en España, recordemos, no ha sido una tontería. En primer lugar, no se puede banalizar los estragos del terrorismo. No es, ni por asomo, lo mismo que ronde tu domicilio un grupo que arma barullo reclamando determinadas medidas legislativas, es decir, que le monten a determinados diputados manis de proximidad, que actos terroristas como amenazas, agresiones, asesinatos... Plantearlo es banalizar el sufrimiento de las verdaderas víctimas del terrorismo. Por otro lado, y aún más peligroso, vincular con el terrorismo las demandas de un colectivo que goza ampliamente de la solidaridad de la sociedad, puede hacer que se relativice la propia maldad del terrorismo, especialmente en un contexto de deslegitimización del actual régimen.
El PP, en su habitual estrategia del avestruz, quizá logre a corto plazo deslegitimizar a las PAH. Pero a costa de banalizar y relativizar el terrorismo y agrandar aún más si cabe el descrédito del actual sistema democrático (hasta el punto de que cada vez me cuesta más referirme al actual régimen como democrático). Sin duda, el PP es una parte primordial del problema político y económico que vivimos, pero tampoco innovaciones como el escrache van a ser la solución. La democracia, el verdadero poder del pueblo, no se basa en la protesta ni en la presión, sino que quien ostenta el poder, realmente represente los intereses de la mayoría. Y eso pasa por construir una alternativa capaz de alzarse con los votos de la mayoría que realmente represente la mayoría.

jueves, 7 de febrero de 2013

EL OCASO DEL RÉGIMEN DE LA II RESTAURACIÓN

El régimen de la II Restauración borbónica que surgió de la Transición está inmerso en una profunda crisis de la que todavía está por dilucidar cómo se saldrá: con parches que le permita mantenerse en esencia o con una profunda transformación que podamos considerar que se ha cambiado de paradigma. El paralelismo con la que protagonizaron Cánovas del Castillo y Sagasta, y que ya podemos llamar I restauración borbónica, son evidentes: una aparencia de democracia entorno a la alternancia entre Conservadores (PP) y Liberales (PSOE) que escondía un sistema oligopólico. Por supuesto, no podemos negar que aquel régimen era mucho más burdo y que el actual, que ha brindado mayores garantías, pluralidad y bienestar, pero la lógica de gestión del poder y la representatividad han sido muy similares.
Sin duda la II Restauración ha estado mejor construida, es indudable que las instituciones son, formalmente, exquisitamente democráticas; pero sobre ellas, como se hizo en la I Restauración, se ha construido un régimen oligopólico, en el que los partidos han sabido controlar todos los mecanismos del Estado de Derecho, con el apoyo de los medios de comunicación que han ejercido su papel de dirección de la opinión pública. De hecho, ha sido la acción combinada de una mayúscula crisis cíclica capitalista que ha desvelado la incompetencia generalizada del régimen y su nula representatividad de los intereses de la ciudadanía, con la pavorosa comprobación de la corrupción generalizada en la que se constata, entre otras cosas, la connivencia entre los poderes fácticos y el poder político, lo que ha producido esta crisis del régimen. Con el tiempo, probablemente, descubriremos si no hay algo más que mera coincidencia entre ambas circunstancias. Tanta concurrencia de bochornosos casos de corrupción generalizada hace sospechar si se debe a brutales guerras políticas en el seno del decadente régimen o desesperadas cortinas de humo para esconder cuestiones esenciales a la opinión pública, como la fiscalidad, la política inmobiliaria o el Estado de bienestar.
La I Restauración soportó mayor inestabilidad, particularmente desde 1898 y ya sabemos como desembocó: primero en la dictadura de Primo de Rivera ante su incapacidad de mantener su orden y finalmente en su total substitución por la oposición que se fue fraguando en sus últimos treinta años: los republicanos.
Afortunadamente, en el contexto actual es impensable una dictadura del estilo de Primo de Rivera, si bien se puede considerar, salvando las distancias, que bien puede ejercer su papel lo que hoy se llama un gobierno tecnocrático. A nadie se le escapa que ésta puede ser una salida del todo posible, sólo hay que ver las barbas del vecino italiano (a las que, de hecho, ya se les echó un vistazo con Primo de Rivera).
En la I Restauración, pues, se requirieron 30 años para que pudiera fraguar la alternativa republicana, independientemente de lo rápido que fue eliminada por las armas, especialmente extranjeras. Actualmente, a penas hay esbozos de una alternativa que pueda construir un régimen diferente, más profundamente democrático. Son innumerables los grupos, colectivos, plataformas contestatarios y con propuestas, pero todavía no se ha articulado una alternativa con aspiración y estrategia para alcanzar el poder y llevar a cabo un programa transformador, definido y viable. Todavía se plantea una actitud de súbdito que aspira a que mediante la protesta sea el propio poder el que voluntariamente cambie. Es preciso, pues, asumir el antiguo adaggio de que nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor. Todo aquel con voluntad de transformación debe entender que hay que aglutinar una alternativa fuerte capaz de disputar el poder. ¿Quién se dispone a ponerle el cascabel al gato?

lunes, 17 de diciembre de 2012

El deber del historiador

Preparándome ingenuamente unas oposiciones que no parecen próximas, me estoy releyendo el estimulante libro de Eric Hobsbawm Sobre la historia ( Ed. Crítica, Barcelona, 2002), donde plantea unas directrices que no sólo son de rabiosa actualidad, sino que demasiado habitualmente mis colegas no se molestan en seguir y que entiendo debería ser de obligado cumplimiento para todo aquel que osase considerarse historiador.
En el primer capítulo del libro, llamado Dentro y fuera de la historia, nos habla del deber del historiador: en particular, somos los encargados de criticar todo abuso que se haga de la historia desde una perspectiva político-ideológica (p. 18). El maestro tiene claro de dónde vienen las amenazas: Porque la historia es la materia prima de la que se nutren las ideologías nacionalistas, étnicas y fundamentalistas, del mismo modo que las adormideras son el elemento que sirve de base a la adicción a la heroína. El pasado es un factor esencial -quizá el factor más esencial- de dichas ideologías. Y cuando no hay uno que resulte adecuado, siempre es posible inventarlo. De hecho, lo más normal es que no exista un pasado que se adecue por completo a las necesidades de tales movimientos, ya que, desde un punto de vista histórico, el fenómeno que pretenden justificar no es antiguo ni eterno, sino totalmente nuevo (p. 17). Hoy día, el mito y la invención son fundamentales para la política de identidad a través de la que numerosos colectivos que se definen a sí mismos de acuerdo con su origen étnico, su religión o las fronteras pasadas o presentes de los estados tratan de lograr una cierta seguridad en un mundo incierto e inestable diciéndose aquello de “somos diferentes y mejores que los demás” (p. 19-20).
El mismo día en que releo estas sabias instrucciones del viejo profesor, la recientemente nombrada Presidente del Parlamento de Cataluña, en su discurso de investidura, había afirmado: Hemos de ser conscientes de que no venimos de la Constitución de 1978, somos herederos de un glorioso pasado. Por respeto al maestro Hobsbawm, fallecido este mismo año, me veo obligado a seguir con su mandato. Tengo el deber moral como licenciado en historia de criticar semejante abuso a mi disciplina. Efectivamente, el poder de la institución que preside la señora de Gispert emana, ni más ni menos, de la Constitución de 1978 y no, ni mucho menos, de la institución medieval de la que se extrajo el nombre en la II República. Además, en todo caso, no gozaría tan añeja institución de un glorioso pasado, sino de un explotador origen: la extracción fiscal (las generalidades) a la plebe, al poble menut, por parte de los estamentos privilegiados centrados en la apropiación de la deuda pública crónica generada por la belicosidad real.
Cumplido mi deber, vuelvo a mis estudios. Otro día podríamos comentar el escalofriante paralelismo fiscal de la Corona de Aragón de la baja edad media con la situación actual. Y no, no hablaremos de expolio fiscal. Territorial, cuanto menos, claro.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Lamentablemente

Resulta agotador el eterno debate lingüístico en Cataluña, fundamentablemente, por la total ausencia de interés por parte de los defensores del monolingüismo catalán de aportar el más mínimo atisbo de racionalidad. Ningún asomo de ponderado argumento, todo lo que se encuentra son consignas, victimismo, distorsiones y emotivas adhesiones inquebrantables.
Quizá algún lector esperará que lo ilustre con ejemplos. Pues allá voy. Se repite como mantra que la introducción del castellano como lengua también vehicular de la educación catalana atenta a la cohesión social en Cataluña. Semejante grandilocuente afirmación habría que argumentarla, porque para mí equivale a decir que si te masturbas te puedes quedar ciego. No se hace, se confía que de repetir mucho esta consigna se asuma como verdad. Se insiste en que se atenta contra el catalán, más allá de la personificación absurda que se tiende a hacer de una lengua, yo me veo incapaz de captar agresión alguna al hecho de que se proponga que se establezca que se use también otra lengua oficial como lengua vehicular en la enseñanza. Más bien veo lo contrario en la feroz negativa a que así sea. Es una distorsión maliciosa pretender hacer creer que se propone situar la lengua catalana como residual, puesto que seguiría siendo también vehicular. Y finalmente, se procura escenificar la unanimidad del pueblo catalán con multitud de manifestaciones que se pretenden identificar con la incuestionable voluntad popular catalana. Ya que hay tanta hambre de consultas populares, pueden empezar por la inmersión lingüística. Pero Duran Lleida no tuvo reparos en reconocer el quid de todo el asunto, con su lamento de que los niños hablen en castellano en el recreo. ¡La que se hubiese liado si hubiese sido Wert el que hubiese dicho una barbaridad así! Así pues, de lo que se trata es de erradicar el uso de la lengua castellana de Cataluña y, claro, eso es muy chungo de decir públicamente.
Y, a propósito de las consultas populares, toda esta oleada de indignación nacionalista me deja una sensación extraña. ¿Por qué se alteran tanto con un borrador de un proyecto de ley que vete a saber cuándo se va a aprobar? ¿No nos tienen prometida una consulta para lo más tardar el año 2015 sobre la tan deseada y necesitada independencia de la nación catalana? Entonces, para cuando se apruebe la ley de Wert, lo que tienen previsto es que seamos ya independientes. ¿O es que es un brindis al sol? ¿O es que cualquier ocasión es buena para marear la perdiz, ya se sabe, embolica que fa fort? Claro, siempre va bien apretar las filas y distraer la atención de las menudencias del gobierno del día a día, los recortes y esas cosas. Y, esto, por supuesto también le vale a Wert, encantado de ser el bombero pirómano de Rajoy que distrae la atención de la crisis. Al final de cuentas, nos están faltando al respeto, unos y otros, a los ciudadanos. No deberíamos permitir que se dediquen a manipular a la opinión pública en vez de dedicarse a legislar por el bien del interés general.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Prácticas de seducción política II: psC

Junto a la carta de CiU ha llegado también la del psC, ignoro si en una nueva representación de la infame sociovergència. Es posible, porque el panfleto que nos envía el psC más que seducir, más bien da penica, como si no quisieran molestar, como si asumieran que no les vas a votar, como si, en definitiva, aceptaran que no les toca gobernar, como en los viejos tiempos de la alternancia pactada de la Restauración.

La foto del candidato, sin ir más lejos, es tristona, gris, inexpresiva. Te imaginas que se trata de un tipo depresivo que pasa las mañanas sentado en el banco de un parque planteándose qué ha hecho con su vida. El lema está claro que no lo ha hecho un poeta. Es tremendamente aburrido, sin gancho. Se nota que hacen las cosas sin ganas. Y eso en un político es terrible. Si no le pones ganas tú, macho, no se la van a poner de tu parte tus votantes.

También te ponen una especie de carta del candidato, en este caso aprovechando el mismo panfleto ya que están sin un puto duro. El contenido es mejor que el de Mas, más claro, más completo. Pero te lo ponen con esa letrilla enana que da la sensación que te lo susurran, como si no estuvieran convencidos o motivados.

Pero vayamos al meollo del panfleto. Volvemos a las letrujas. Sólo viendo el papel sin leerlo da la impresión de que hay mucha paja y poco fundamento. Sigue pareciendo que está hecho sin ganas, sin estructura, de cualquier manera. Casi toda la primera columna es a modo de introducción. Al final de la primera columna te ponen lo que podríamos llamar uno de los ejes, quizá, de su propuesta. El resto en la otra columna. La maquetación es terrible, cutrísima. Pero si entramos en el fondo la cosa no mejora. Lo que nos habíamos aventurado a llamar ejes de su propuesta en realidad no es más que un cajón de sastre sin la menor coherencia interna. El primero es Federalismo, nuestro modelo de estado, el segundo Justicia social y el tercero un totum revolutum de propuestas a lo ofertas del día que llaman Nuestras primeras decisiones para reactivar Catalunya.

Conclusión, estos chicos no tienen las ideas claras, si es que tienen alguna. Si te lees el apartado de Federalismo te asalta la duda de si realmente saben lo que significa. Ponen, y copio textualmente Que surja de una forma constitucional, que garantice el reconocimiento de la identidad catalana y nuestro derecho a decidir, donde Catalunya se haga cargo de todos los impuestos que pagamos los catalanes y las catalanas. ¿Eso es federalismo? A mí me suena básicamente a lo que proponía CiU hace un par de añitos nada más. Ay, la Sociovergència, que tira la cabra para el monte. Pero no solo asusta esa ausencia de ideas propias, sino ese lenguaje tan impreciso y vago, propio de un mal estudiante de secundaria. ¿Que surja de una forma constitucional? ¿A qué viene ese que surja? A mí me sugiere a la Venus de Botticelli surgiendo del mar. Se puede entender que en su incapacidad lo que quieren decir es que propondrán una reforma constitucional, pero eso siendo benévolos. Todos entendemos y ellos los primeros, que lo que realmente pasa es que hablan con la boca pequeña, que sencillamente pasan un huevo de mojarse y si eso, que surja la cosa por ciencia infusa que si es por ellos, ya puedes esperar sentado. No por nada, sino porque tienen la intención de pasar la legislatura de miranda, como espectadores de lujo en el Parlament. ¿Qué ganas entran de votarles, eh?

También se puede entender que, como partido socialista, la estructura territorial les importa más bien poco, especialmente con la que está cayendo con la crisis. Consecuentemente, la base de su proyecto residiría en el apartado que llaman Justicia social. Hubiese sido coherente, pero no nos engañemos. Cito literalmente lo que ponen en el apartado: Lucharemos contra la crisis evitando que paguen los sectores más débiles a través de la reactivación económica, impulsando las políticas sociales y una fiscalidad más justa para que paguen más los más ricos. Una frase de redacción horrorosa, pero aquí al menos sí que dicen que lucharán (un poco de energía, al fin), no se limitarán a esperar que surja, como en el anterior apartado. Eso sí, no pasa de declaración de intenciones muy vagas, muy electoralistas y conociendo la escasísima credibilidad que atesora hoy por hoy el partido de los socialistas, muy poco efectivas. Cierto es que en el apartado siguiente ya concretan, más o menos, alguna propuesta en ese sentido, pero como lo ponen así, sin ningún orden ni criterio, da la impresión de que se trata de las primeras ocurrencias que se les ha pasado por la cabeza cuando alguien ha sugerido que faltaban en el texto propuestas concretas.

En definitiva, no parece que tengan muchas ganas de llevarse el voto. Y, sinceramente, da la impresión que los votos que se lleven van a ser más por hábito que por convicción. 

martes, 13 de noviembre de 2012

Prácticas de seducción política I: CiU

El encanto de la democracia es que de vez en cuando el poder - o sus aspirantes- vienen a pedirte cosas. Bueno, una cosa en concreto, el voto. Es importante ver qué ofrecen para ver qué hacen luego ellos con mi preciado voto. Hoy me han llegado cumplidas cartas de, por así decirlo, los que más cuota del mercado electoral gozan: CiU y psC. Cuanto menos, son los dos partidos con más diputados en el parlamento saliente. Su oferta tendrá que ser la más completa y elaborada, claro. Vamos a ver qué me dicen para seducirme. Comenzamos con CiU que para algo son los que convocan anticipadamente las elecciones:

Empiezan bien; en la carta firmada con el puño y letra de Artur Mas (risas), lo primero que hacen es llamarme joven. Trucos de pescadera, a alguien de 31 añitos le empieza a sentar de maravilla que le sigan tratando de joven. A parte de alagar mi fino cutis de adolescente, mucha paja sobre lo histórico que es el momento y la infinidad de oportunidades que se nos presentan para el futuro. Ya, bien, y ¿qué propones? Habrás anticipado las elecciones para algo, digo yo. Por supuesto, y cito textualmente, El meu compromís és que el poble de Catalunya pugui decidir lliurement i democràtica el seu futur a través d'una consulta durant els propers 4 anys. Enigmático hasta el uso de la negrita. Entonces, a ver que me aclare, ¿el pueblo de Catalunya no está decidiendo libre y democráticamente su futuro en estas elecciones? ¿Qué estamos haciendo, entonces? ¿Decidir el pasado? ¿Y qué se estará consultando durante 4 años? ¡Qué consulta más larga! ¡Ni la del médico! ¿Propone establecer un sistema asambleario, a lo Sóviet? Lo dudo.



 Pero no nos obcequemos con las cartas éstas que son las paridas que te envían porque algún lumbreras considera que así se acerca al candidato, como si te hablara directamente a ti y por eso es particularmente vaga y sin contenido. Vamos a ver qué dice el panfleto adjunto a la carta, donde, sin duda, tiene que venir una síntesis de su programa electoral.

Nada, ni por esas. Volvemos al mismo rollo: Fer una consulta al poble de Catalunya perquè pugui decidir lliurement i democràtica el seu futur. ¡Yaaaaaaa! ¡De eso van unas elecciones! ¿Pero qué mierda proponéis? 

El galimatías no se queda aquí. Acto seguido nos dicen: Construir una majoria social àmplia perquè Catalunya pugui tenir un estat propi en el marc d'Europa. Frase retorcida donde las haya. Joder con los partidos de masas, parece que hablen en clave. ¿Qué es construir una mayoría social amplia? ¿Su petición?¿Su propuesta?¿Tiene relación la programación de TV3 con esto? Lo que se ve es que es condición sine qua non para que Cataluña pueda tener un Estado propio en el marco de Europa. Pero para este viaje no hace falta alforjas, ya tiene un Estado, ese que llaman español.

Algún exegeta acostumbrado al lenguaje alambicado de CiU me apremiará para que no me haga el tonto, que de lo que hablan es de la secesión de Cataluña del resto de España. Vale, pues que lo digan claro, que esta mierda la envían a todos los catalanes. ¿O es que quieren que la peña no entienda una mierda lo que dicen?

Asumida la premisa, donde nos dicen Necessitem eines d'estat en el marc d'Europa, se refieren, más o menos, a argumentos para la independencia. Bien, vamos a ver si nos convencen:

1.- Per garantir el desenvolupament econòmic i social de Catalunya. ¿Por qué?¿Por qué es necesaria la independencia para garantizar el desarrollo económico y social de Cataluña? Si precisamente el principal mercado de Cataluña es el resto de España. No parece muy sensato ponerse de culo de tu principal cliente...

2.- Per tenir més progrés i més eines per sortir de la crisi. ¿Por qué y para qué? ¿Por qué con la independencia vamos a tener más progreso? Explícalo si me quieres convencer. ¿Qué herramientas se necesitan y cómo se usarían? ¿Os lo guardáis para luego? Pues así más que convencerme me dais mucho miedo. ¿Qué haríais una vez independientes para salir de la crisis que no se puede hacer ahora?

3.- Per disposar de millors prestacions per a la gent gran.  ¿Cómo lo haríais? ¿Por arte de birlibirloque?

4.- Per una educació i una sanitat de més qualitat. ¿Por qué? ¿Vais a expulsar a los malos profesores? ¿Y por qué no lo hacéis ahora si la Generalitat tiene las competencias de educación y sanidad?

5.- Per assolir més benestar per a tots nosaltres, però també per als nostres fills i els nostres néts. ¿Por qué es necesaria la independencia para alcanzar más bienestar? ¿Y en qué se concreta ese bienestar? Este argumento tiene la misma solidez expositiva que decir que ataremos a los perros con longanizas.

6.- Per garantir la nostra viabilitat com a nació, com a identitat i com a model de benestar. ¿Eing? Casar nación, identidad y modelo de bienestar en una frase es un ejercicio demasiado complejo para cualquiera. Todo demasiado estrafalario.


Bien, llegado a este punto, ya puedo establecer ciertas conclusiones:

CiU, con su ambigüedad recargolada habitual, sólo trata lo de la independencia. La privatización de la sanidad, el paro, los recortes, el tejido productivo, corrupción, presupuestos, y demás cuestiones sobre las que tiene competencias la Generalitat son para CiU un coñazo irrelevante, porque total, sólo se va a hablar de la independencia. Imagino que mientras tanto no legislarán nada más.

Los argumentos que nos ofrece CiU para la independencia son una mierda insostenible que no pasa más allá de la esperanza de que con ella se aten a los perros con longanizas. Huele a cienciología. Sólo aptos para ya convencidos, para los demás, tendrán el propósito de convencer no por consistencia de los argumentos sino por repetición machacona de la esperanza (vivimos tiempos difíciles) de los perros con longanizas. Todo muy inquietantemente goebbeliano.

En definitiva, los de CiU se piensan que los catalanes somos imbéciles o confían mucho en su formidable y machacón aparato de propaganda. Qué miedo. Desde luego, por muy machacona que sea una publicidad, a nadie le gusta que le traten de idiota. A parte, el lenguaje alambicado de CiU da la impresión de que te esconden demasiadas cosas, que juegan a la confusión, como la letra pequeña de una hipoteca de Bankia, te lo has de remirar para ver por dónde te la cuelan. Vamos, que no seducen nada. Mi voto no va para ellos ni de broma.


 

lunes, 12 de noviembre de 2012

La voluntat d'un poble



No voteu a CiU

Aquesta és una carta oberta, un prec, als meus conciutadans catalans, especialment a aquells que es poden plantejar votar a CiU. Només us hi demano una cosa ben senzilleta: que no els voteu el proper 25N. Crec que tots estarem d'acord que aquestes són unes eleccions importantíssimes, sí, fins i tot històriques. Per això apel·lo a la vostra racionalitat, ara més que mai hem de reflexionar el nostre vot, ens hi juguem el nostre futur, el nostre benestar i, fins i tot, la nostra dignitat.



No pretenc, Déu em guard, canviar la vostra ideologia ni els vostres interessos, ans el contrari, el meu propòsit és mostrar que, precisament, CiU és una opció contraproduent per a defensar-los i que, davant de tot, la seva estratègia passa per manipular els votants per accedir al poder per als seus personals interessos. Entenc que CiU pot atreure un votant nacionalista i a la vegada conservador, diguem-ho clar: de dretes. En democràcia és perfectament legítim. La qüestió és que, insisteixo, CiU és contraproduent per a qualsevol d'ambdós propòsits. Anem a pams:



És raonable que els nacionalistes practicants estigueu entusiasmats amb la, si fa o no fa, aposta obertament independentista de CiU. És comprensible que d'aquesta manera la vegeu més factible, però si és aquest el vostre veritable objectiu, jo no us recomanaria que us refiessiu gaire de CiU i els aires messiànics del Mas. Ves a saber què faran aconseguida la majoria absoluta. Privatitzar el Clínic sí, ja hi pots comptar, però lluitar gaire per la independència ja són figues d'un altre paner. La sacsejaran quan els hi convengui i quan no l'amagaran, diran que és inviable o qualsevol pretext, tot generant frustració en el vostre àmbit i potser malbaratant una oportunitat única per vosaltres. Si de debò voleu la independència, heu d'assegurar el vot. Oferta no n'hi falta en aquest camp, si augmenta a cada elecció: ERC, SI, CUP... i potser si CiU no aconsegueix la majoria absoluta els podran presionar perquè es prenguin seriosament la independència.



Si ets més aviat un votant de dretes, amb, davant de tot, interessos econòmics de qualsevol mena a Catalunya (i no formes part, obviament, de la xarxa clientelar de CiU per a trobar negociets d'aquests que mou el fill de l'amo) CiU en aquestes eleccions no et convé gens. Els cèntims fugen com a bojos de la inestabilitat i l'aposta de CiU és el paradigma d'inestabilitat, especialment amb el delicat context econòmic que ens hi trobem. Absolutament tot pot perdre dràsticament el seu valor de la nit al dia, les finances no estan per gaires aventures i, les coses com són, el govern de Mas no s'ha mostrat, precisament, com un exemple de bona gestió. Si com a bon conservador, vols garantir l'statu quo, tens altres opcions més segures. Potser no és la primera vegada que votes al PP d'amagat i, tranquil, que de moment el vot és secret. Més endavant et podràs preguntar amb total tranquil·litat quins sants trons voten al PP, si tu no coneixes a ningú que ho faci.



Així doncs, si per als seus votants potencials, CiU no és ni de bon tros la millor opció, de la resta millor ni parlar-ne. El govern de l'Artur Mas ha demostrat ser el govern més corrupte, incompetent i reaccionari de la nostra història recent. Els escàndols recents de corrupció de CiU són variadíssims, en diversos sectors i afectant gent tant destacada com el tresorer del partit amb el cas Palau, el secretari general i fill de l'amo amb el cas de les ITV, per no parlar de l'enrevessat entramat a la sanitat catalana. Per parlar de la incompetència cal força estona, deixem-ho amb el rescat que van haver de demanar, ves per on, a Madrid, els nombrosos impagaments, per no parlar de l'anunciada fallida de Spanair on la Generalitat va posar diners alegrement. De les retallades suposo que ni cal parlar-ne, però sí que és rellevant fer el contrast amb la supressió de l'impost de successions tot just arribar al govern.



Cal recordar, alhora, que es tractava d'un govern molt dèbil, que havia de negociar uns pressupostos encara més restrictius i que havia de fer front al desgast d'haver de pactar amb el PP. Abans d'afrontar una situació summament crítica política i econòmicament, amb gairebé un 23% d'atur i una tercera part de la població sota el llindar de la pobresa, on un govern ha de mostrar el seu major tarannà d'estadista, s'han estimat més tirar per la via ràpida, fugir d'estudi i convocar eleccions anticipades, tot posant en el centre del debat polític la independència de Catalunya, com si fos, de cop i volta, la qüestió més urgent o la solució immediata a tots els nostres neguits. Val a dir que l'objectiu és amagar totes les seves misèries i amb el discurs èpic provar sort i veure si cau una majoria absoluta amb la que pugui evitar els ensurts parlamentaris i poder fer negociets facilets amb calma com el de Barcelonaworld o la sanitat privada.

Així doncs, conciutadans, en els temps difícils que corren, no ens podem permetre cedir el govern a una colla de lladres, estafadors i inútils de CiU. Resultaria insòlit a Europa, un govern radicalment retallador i regressiu que no només no perd vots sinó que encara en guanya. I tot per la seva manipulació interessada dels sentiments dels votants. Ja és, doncs, una qüestió de dignitat: Tots corrents a votar, vota el que et vingui de gust, però per la teva dignitat i la de Catalunya, no votis a CiU.

sábado, 27 de octubre de 2012

Por la revolución posible

Vivimos tiempos de involución que van más allá de una mera crisis cíclica del capitalismo internacional. La actual crisis no es más que el último pretexto para volver a la sociedad liberal de la segunda mitad del siglo XIX. Hay un proceso incuestionable de aumento de la desigualdad, liquidación del Estado de Bienestar y eliminación de capacidad de respuesta de los trabajadores. El panorama es muy negro y debemos no sólo asumirlo sino tomar cartas en el asunto.

Este proceso no se está llevando a cabo por la fuerza de las armas sino desde el poder político establecido democráticamente, es decir, aupado con los votos de los ciudadanos. Por lo tanto, el responsable último de la situación somos todos, que por simple incomparecencia irresponsable estamos permitiendo que el lucro de unos pocos se imponga por encima del bienestar del resto.

La Democracia no es un hecho consumado, no se limita a unas instituciones constituidas, sino que es un bello ideal que se debe forjar con la responsable participación de la gente en la cosa pública. En el momento que convenimos que la política era una actividad para mediocres trepas que vivían de los cargos, trazamos el camino para que efectivamente los políticos no se representaran más que a sí mismos. El PSOE se está llevando un merecidísimo hundimiento porque se dejó - y se le dejó- convertirse en una mera agencia de colocación más accesible a los poderes fácticos que a los intereses de la mayoría. Éste era, quizá, un paso necesario. Pero es urgente que las cenizas de partidos políticos fracasados sean substituídas por otros instrumentos de representación que ejerzan más efectivamente de canales de participación y representación de la ciudadanía en las cosas públicas.

Esto no se va a hacer por generación espontánea. Requiere el esfuerzo y el talento de muchas personas. Como decía aquel viejo himno, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor. De nuestra capacidad de respuesta depende el camino que se trace. Porque si nos conformamos con dejarles al PP y CiU las riendas nos tendremos que atener a las consecuencias.

Es la hora, por lo tanto, de aglutinar en torno a unos principios básicos, fundamentales: Refuerzo del Estado de Bienestar, efectiva progresividad tributaria, recuperación del tejido productivo, limitación de la economía especulativa. Nada utópico, nada irrealizable, nada de maximalismos. Un verdadero proyecto de gobierno.

Es el momento de aunar talentos para un proyecto común. Es el momento de dar un paso adelante para aquellos médicos comprometidos con la sanidad pública, para aquellos profesores que aspiren a una sociedad culta, para aquellos inspectores de hacienda que quieren combatir la evasión fiscal, aquellos emprendedores que aspiran a crear valor añadido más allá de meramente enriquecerse. Es la hora, en definitiva, de que los ciudadanos demos verdadero sentido a la democracia. Sino, nos mereceremos nuestra condición de súbditos.    

sábado, 13 de octubre de 2012

Motivos para el orgullo

Hace mucho tiempo ya traté este tema, pero mi querido ministro Wert y tantos otros muchos me inspiran para insistir: Es absurdo estar orgulloso de un hecho casual del que uno no ha tenido responsabilidad, como es el hecho de haber nacido en un lugar adscrito a determinadas unidades administrativas. Sólo es razonable estar orgulloso de algún logro conseguido con el esfuerzo, talento y tesón aportado por uno mismo (ese es el orgullo que hay que inculcar a los chavales, por cierto). Por ejemplo, parece lógico que Steve Jobs estuviese orgulloso del éxito de su empresa, mientras que alguien al que le haya tocado la lotería, lo razonable es que esté contento, y mucho, pero no orgulloso. De la suerte cabe estar contento, satisfecho, pero no orgulloso.

Así pues, la casualidad de haber nacido en España hay que valorarla con las múltiples opciones que nos brinda el ancho mundo. Si nos ponemos a comparar, podía haber tenido mucha peor suerte. Podía haber nacido en lugares terribles y muy desafortunados como Somalia, Afganistán, Haití... Así que cabe sentirse, como poco, aliviado de ser español, podía haber sido mucho peor. Desde luego, también podría haber sido mejor, podía haber tenido más suerte y nacer francés, australiano o noruego. Pero no nos engañemos, estadísticamente había más posibilidades de nacer en un sitio peor.

También es verdad que alguien, como ciudadano activo, puede involucrarse con los logros alcanzados por su comunidad política y sentir legítimo orgullo por ellos al haberlos apoyado. Así, por ejemplo, parece bastante razonable que se pudiera estar orgulloso de que España, con bastante naturalidad y sin a penas traumas, ampliase el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, a pesar de la combativa oposición de la iglesia católica, extendiendo, así, las esferas de libertad. Desgraciadamente, es un hecho bastante excepcional. Normalmente, las comunidades políticas de las que formo parte (por el momento, el municipio de L'Hospitalet de Llobregat, Cataluña, España y la Unión Europea) no dan demasiados motivos de orgullo, sino, más bien al contrario, de vergüenza.

Voy a exponer algún motivo de vergüenza para cada una de mis comunidades políticas: En L'Hospitalet de Llobregat, una población tradicionalmente acogedora, conformada por el aluvión que genera la cercanía de una ciudad como Barcelona, se está extendiendo un sentimiento xenófobo y una tendencia a diferenciar por comunidades, no sé si considerarlas étnicas. En Cataluña, por su parte, un gobierno especialmente reaccionario, incompetente y corrupto procura manipular a la gente con una burda cortina de humo que desvie la atención de su nefasta gestión y le permita alcanzar una cómoda mayoría absoluta. En España, en general, estamos dirigidos por una clase política incompetente, vendida, mentirosa compulsiva y que no se molesta ni en disimular una mínima preocupación por representar los intereses  de la inmensa mayoría de la ciudadanía. Por su parte, la Unión Europea es incapaz de avanzar en el proceso de integración, bloqueada por intereses nacionales y se ha convertido en una especie de protectorado de los países del norte que sacan ventajas financieras a costa de los países del sur.

La conclusión parece obvia: estaría orgulloso de formar parte de estas comunidades políticas si L'Hospitalet fuese un ejemplo sin mácula de fraternidad, en Cataluña los electores castigaran a los populistas patrioteros, los políticos españoles, en general, fuesen lo más ilustrado e íntegro de una sociedad a la que verdaderamente representaran y la Unión Europea se dirigiese sin vacilaciones hacia una integración política que tuviera el Estado como Bienestar como guía. Eso sí serían motivos de orgullo. Pero vamos, tampoco para emocionarse como para ir sacando banderas de paseo.  

miércoles, 10 de octubre de 2012

Ciencias sociales sin sentimientos, por favor

Me congratula como historiador y como aspirante a docente, la nueva polémica que nos brindan nuestros estimados representantes políticos. Parece ser que José Ignacio Wert, con la fineza y profundidad de pensamiento que caracteriza a los ministros de educación y cultura de este país, ha afirmado en las Cortes que el interés del Gobierno es "españolizar a los alumnos catalanes" con el fin de que "se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes". Y ha recalcado "la deriva que ha tomado parte del sistema educativo en Cataluña facilitando que se produzca un ocultamiento o una minimización de los elementos comunes, particularmente los históricos, que configuran la historia de Cataluña dentro de España". Como no podía ser de otra forma, han surgido, por lo visto,  infinidad de voces indignadas: así la consellera Rigau ha negado que la escuela catalana adoctrine a sus alumnos en ningún tipo de nacionalismo e incluso Joan Herrera se ha descolgado calificando las palabras de Wert de "salvajada" y de "lenguaje de otras épocas".

Parece una obviedad que una educación democrática se ha de fundamentar en el conocimiento científico y ha de aspirar promover ciudadanos críticos y autónomos. Es decir, no pretender inculcar sentimientos ni manipular la realidad para ello. ¡Ay! ¡Ingenuos de nosotros! Una de las lecciones que me impartió mi profesor del CAP fue que la pervivencia de la Historia en los currículos académicos no se debe a la sensibilidad por la reflexión histórica de nuestros dirigentes, sino por su utilidad para generar adscripciones identitarias que involucren a las masas con el poder político. Así que pedir a los politicastros que dejen la Historia a los que sí tenemos licencia para tratarla es un ejercicio de melancolía improductivo.

Los dirigentes catalanes se han puesto exquisitos ante el ministro negando la mayor. Quizá no se han leído los decretos de la Generalitat al respecto. Yo, desgraciadamente, sí, bastante. Y como el ministro Wert, también le dan bastante a eso de la identidad. Como muestra parece relevante.  Así, en el decreto 143/2007 del 26 de junio, donde se establece la ordenación de las enseñanzas de la educación secundaria obligatoria (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, núm. 4915, de 29 de junio de 2007), se nos dicen cosas como les Ciències socials, geografia i història han de facilitar el desenvolupament de la consciència ciutadana de l'alumnat. Aquesta consciència els ha de permetre donar sentit a les relacions entre el passat, el present i el futur, i a la seva identitat territorial i cultural. O cosas como l'estudi de les diverses realitats socials del present i del passat hauria de conduir l'alumnat a [...] construir el sentiment de pertinença i la seva identitat social, política i cultural.

Sí, un lenguaje más alambicado y sutil que el del burdo ministro Wert. Resultaba mucho más claro el Decreto 179/2002, de 25 de junio, ( Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, núm. 3670, de 4 de julio de 2002) en el que se exponía sin tantos remilgos que l’estudi del passat ajuda a entendre el present i a conèixer i contextualitzar les arrels culturals del país, amb la qual cosa es contribueix al procés de cohesió social i d’arrelament nacional. S’entén també que tant la geografia com la història van adreçades a unes persones que són els joves i les joves ciutadans/nes d’una nació (Catalunya) emmarcades en un estat (Espanya), en una identitat genèrica (cristiano-occidental i mediterrània) dins d’un món on s’articulen d’altres cosmovisions i identitats. És per això que les característiques plurals i diverses de la nació catalana, també la seva geografia i la seva història, han de vertebrar en bona part la configuració dels continguts de l’àrea com a expressió de la identitat pròpia dins d’Espanya. Així mateix, des d’aquesta àrea, s’ha de fomentar el coneixement i respecte per les altres identitats i cultures diferents a la pròpia, i concebre-les com una font d’enriquiment personal i col·lectiu, entre moltes altres raons perquè en molts casos són elles mateixes elements històrics que han contribuït i contribueixen a la definició actual de Catalunya.

No cabe duda que la educación catalana, especialmente en eso que llaman ciencias sociales, adolece de lo que denuncia el impresentable de Wert, a buenas horas se dan cuenta, pero la solución no puede ser contrarrestarla con más de lo mismo pero en otro sentido, sino eliminar toda pretensión de inculcar sentimientos a través de la educación. Resulta, más que paradójico, revelador que no se den cuenta de ello los que acusan a la Educación para la Ciudadanía de ser un instrumento de inculcación de ideología. Asco de politicastros.





 

martes, 25 de septiembre de 2012

Las claves del 11S II: El inconfesable encanto del nacionalismo

El inconfesable encanto del nacionalismo.

No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.
Karl Marx

El otro día me preguntaba cómo se lo montaba CiU para contar con semejante masa entusiasta, dispuesta a brindarle tan estupenda cortina de humo que ya no hablamos de recortes, rescates y corrupción sino de la independencia que en nombre de todos los catalanes clamaron el otro día. Ciertamente, abusa de los medios de comunicación, tanto públicos como privados, pero incluso en las sociedades más oprimidas, manipuladas e ignorantes es poca la gente que se presta encantada a las manifestaciones masivas de apoyo al poder. De hecho, hasta el 11S, las manifestaciones que protagonizaban la actualidad catalana eran, precisamente, las que se oponían a las políticas de recortes de CiU. Por otra parte, la opinión pública estaba pendiente de los casos de corrupción de CiU y las dificultades financieras de la Generalitat. Entonces, a este gobierno tocado e impopular, ¿Cómo es posible que miles de personas le hayan brindado generosamente semejante balón de oxígeno con el que alejar de la luz pública sus múltiples debilidades y, de rebote, protagonizar la agenda política?

En Cataluña hay una ideología dominante: el nacionalismo. Procura justificarse en torno a la historia, la cultura, la lengua o incluso la economía, pero todo ello no son más que pretextos. Como decía Marx, la ideología es una falsa conciencia. Ello se deriva de la más fundamental máxima del filósofo alemán: no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. El nacionalismo, pues, no se deriva del respeto a los antepasados, el aprecio a una lengua ni tan siquiera de agravios fiscales. Es una mera cuestión clasista.

Hay que hacer un breve repaso histórico. En la industrialización de un país, hay un proceso de urbanización que requiere desplazamientos masivos de población del campo a la ciudad, para generar lo que se ha venido a llamar la clase obrera. Cataluña, y particularmente Barcelona, fue un núcleo de industrialización en España, con lo que fue recibiendo un importante aporte de población del resto del país en diferentes oleadas. Quizá sería pertinente mencionar los movimientos obreros internacionalistas que predicaban la revolución obrera. El nacionalismo, pues, es una reacción de clase media ante ese proceso industrializador y, fundamentalmente, proletarizador. Es decir, es la voluntad de distinguirse como los legítimos moradores de un territorio, reclamando, de esta forma, su preeminencia. Eric Hobsbawm, por ejemplo, explica con su habitual clarividencia este tránsito de las clases medias hacía la derecha reaccionaria en libros como La era del Imperio o Naciones y nacionalismo desde 1780.

Pero simplifiquemos. El nacionalismo, pues, se fundamenta en un complejo de superioridad. De ahí se deriva al uso de la lengua catalana como signo de estatus (siempre al nivel de la clase media, la clase alta está por encima de estas nimiedades) y el recurrente victimismo que permite alejar toda responsabilidad de uno mismo. Como complejo, entra, pues, en el campo de la psicología. De hecho, los propios nacionalistas reconocen con orgullo que se trata de un sentimiento, por lo que adolecen de capacidad de racionalización y reaccionan con agresividad ante la discusión de sus axiomas.

Ese complejo de superioridad, con todo, ha tenido que sufrir las consecuencias de la crisis. Las crisis económicas tienen también una importante vertiente psicológica, afectando a la seguridad y la confianza de la gente. En Cataluña, como en el resto de España, la crisis ha sido particularmente virulenta, con un elevado número de parados, diferentes cajas de ahorro nacionalizadas y una política de austeridad que, como hemos comentado, ha sido particularmente atroz con el Estado de bienestar. La mani del 11S ha respondido, pues, a una necesidad psicológica, ha significado un acto de reafirmación necesario para su complejo y de paso, una canalización de la frustración hacia aspiraciones banales que permiten dirigir las responsabilidades hacia fuera y seguir pensando que somos especiales, diferentes, mejores.

martes, 18 de septiembre de 2012

Las claves del 11S I: La táctica teatral de CiU

La táctica teatral de CiU
No hay duda, CiU está con el agua al cuello. La última prueba es el akelarre independentista que azuzó, un pelín más de lo habitual, el pasado 11 de septiembre. Fecha, por otro lado, dada para estas exhibiciones. CiU es una organización que requiere de solemnes puestas en escena porque su credibilidad siempre se ha basado en ello, en erigirse como vanguardia de un destino manifiesto. Y la magnífica performance del día 11 no era más que un acto de campaña electoral, el primer acto de la próxima campaña electoral.
Por si alguien lo había olvidado, hipnotizado con las coloridas imágenes del centro de Barcelona del otro día, CiU se encuentra en una situación delicada. Gobierna en Cataluña en minoría, aplicando drásticos recortes con el apoyo – ni más ni menos- del PP, que generan un considerable descontento popular – tendría que ser mayor- y que encima se están mostrando inútiles. Quizá la profusión de banderas independentistas nos haya hecho olvidar los 5.025 milloncetes de nada que la Generalitat de Catalunya pidió hace unos días al Fondo de Liquidez Autonómica que aporta, caramba, la Administración central -Madrit, para que nos entiendan los manifestantes-. Urgentes, parece ser, para poder pagar las nóminas del próximo mes. Cuestión que parecería razonable que protagonizara la política catalana. Por no hablar de naderías como las de los casos del Palau o las ITV de Oriol Pujol. Irrelevantes porque en este país de bandoleros el robar se entiende como una muestra de inteligencia y valor.
Todo esto ya da igual. Porque el pueblo catalán se ha manifestado y sus oráculos han interpretado que lo que le urge, lo que manda es la independencia. ¡Qué grandes maestros en la puesta en escena estos chicos de CiU! Artur irá el 20 de septiembre a verle las barbas a Mariano para llevar a cabo el siguiente acto del dramón que nos están interpretando: A escenificar que ha ido con toda la buena intención del mundo a negociar el pacto fiscal que le ha mandado el pueblo catalán. Haciendo alardes de moderación, a proponer el pacto fiscal para aplacar el hambre de independencia del pueblo catalán. Supongo que hablarán de fútbol o del tiempo porque ambos saben que la propuesta es irrealizable y realmente no hay la mínima intención de negociar nada.
De lo que se trata es que Artur vuelva de Madrit por el sendero de las lágrimas, desconsolado, clamando, reafirmándose en que no ens volen. Y ante la solemnidad del momento, convocará elecciones anticipadas con el grito ¡o pacto fiscal o independencia!, con la sana intención de recuperar votantes suyos alicaídos con esas eventualidades económicas y de paso llevarse unos cuantos más en la escenificación del cierre de filas patriótico. A ver si con un poco de suerte se consigue una cómoda mayoría absoluta con la que ganar tiempo y vivir con menos sobresaltos. Y luego, ya se verá. Que de lo que se trata es de asegurarse el poder y, con un poco de suerte, quién sabe, sacar algún chanchullito interesante, quizá a través de las estupendas oportunidades que pueda brindar el fastuoso Barcelonaworld.
Lo que cuesta verdaderamente entender es cómo puede ser que, de forma tan mayoritaria, la gente se haya prestado a hacerle el trabajo sucio a CiU. Por supuesto, lo primero que hay que relativizar son los números de la manifestación. Sin duda es ilusorio llegar a creerse el millón y medio de manifestantes que da la organización. Pongamos que la cosa está entre 300.000 y 600.000, que tampoco es moco de pavo. Es decir, aproximadamente la mitad de los votantes de CiU en las pasadas elecciones de 2010. No está nada mal, como tampoco lo están los medios que ha dispuesto CiU para la mani, tanto materiales como mediáticos. Durante días tanto los medios públicos como privados de Cataluña nos estuvieron machacando con la manifestación como nunca se hace con cualquier otra. Igualmente, un uso tan grosero de la manifestación por parte de CiU no tendría que haber pasado desapercibida por tanta gente. Dudo que el PP a estas alturas sea capaz de movilizar en la castellana de Madrid tanta gente ahora mismo aunque flete autocares para todos sus cargos políticos y familiares.
CiU cuenta con una baza envidiable. Un ejército de reserva de acérrimos patriotas y la práctica inexistencia de una oposición que le niegue mínimamente la mayor. La vehemencia de unos y los complejos de otros hacen que una mayoría calle u otorgue. Pero esto sigue sin explicar qué hace que tanta gente se deje utilizar como salvavidas de CiU. Esto lo dejaré para una próxima entrega: El inconfesable encanto delnacionalismo.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Reacciones a una teoría

Un tal César Molinas ha escrito un artículo en El País llamado Una teoría de la clase política española que no sólo me ha parecido interesante a mí sino a alguno que otro más, ya que ha sido TT en twitter todo el día. En mi humilde modo de entender, esboza un análisis certero de los partidos políticos dominantes, los cuales no representan los intereses de la ciudadanía sino fundamentalmente los suyos propios, constituyéndose, por lo tanto, en clase social. Finalmente propone un cambio en el sistema electoral para combatir los vicios clientelares de los partidos políticos cambiando el actual sistema representativo por uno mayoritario, como el vigente actualmente en el Reino Unido.

Si bien el análisis me parece impecable, la propuesta para acabar con este orden de cosas no está a la altura, al reducirla a un mero cambio de sistema electoral. Pero vamos, no es más que un artículo de prensa, tampoco vamos a esperar un programa electoral. A muchos, pues, nos ha parecido un muy buen y recomendable artículo. A unos cuantos no: de hecho, estaban indignados. Lo acusaban de cosas tan paradójicas como neoliberal-fascistoide (concepto tan estrafalario como fascista-leninista o luterano-suní). He preguntado, he indagado y lo más relevante que he encontrado es que el autor vive del sistema financiero. Yo tampoco me fío un pelo de nadie que viva del sistema financiero y soy el primero en atribuirles la responsabilidad de la crisis actual, en quejarme de los inmerecidos, injustos y nocivos privilegios que gozan y en exigir que se les aplique más controles y, por supuesto, tributación.  Pero no soy aficionado a las falacias ad hominem, no se trata de juzgar a la persona y sus intenciones sino de refutar un argumento.

La verdad es que no he encontrado ningún argumento que me pareciese consistente. Los más sólidos, es decir, los que no se limitaban al insulto o al juicio de intenciones, le atribuían al artículo un objeto de estudio más amplio del que proponía el propio autor, en vez de la clase política, las causas de la crisis, considerando, así, que su análisis resultaba incompleto y, a su vez, por supuesto, interesado, por descargar responsabilidades del sistema financiero. A parte de eso, se le ha achacado a su propuesta de un sistema electoral mayoritario simplista, inútil, poco representativa o, directamente, un ataque a la democracia. También soy escéptico con esta parte del artículo, pero sin duda me parece una osadía considerarlo un ataque a la democracia ya que es el sistema que usan, por ejemplo, en el Reino Unido y jamás me atrevería a considerarlo menos democrático que España.

Lo más llamativo, no obstante, no ha sido la inconsistencia de las críticas, sino su origen. Me esperaba legiones de peperos y sociatas defendiendo su honorabilidad y, de paso, su negociete. No me ha parecido apreciar ninguno. Apuntaban más bien a miembros de IU. Me ha costado entenderlo. ¡Pero si les da la razón!¡Si no se refiere a ellos sino a los partidos que han gobernado desde la transición!¡Pero si carga contra sus adversarios políticos! ¡Pero si dice lo mismo que No les votes o el 15M! ¡Movimientos a los que se han acercado! ¿A qué venía tanta saña?

Pues ya que se prodigaban tanto en juicios de intenciones he trazado mi particular hipótesis: Aprecio una agresividad desmedida por un mero artículo d prensa, probablemente provocada por el temor de un partido minoritario al sistema mayoritario, lo que le puede hacer perder representación. Pero entonces me azota una duda: ¿La representación en las instituciones es un medio o un fin para un partido honorable que aspira a transformar la realidad? IU, y menos en el actual contexto, no debe aspirar a tener la misma nula capacidad de influencia que en las últimas elecciones, sino su propósito debe ser alcanzar el poder para cambiar alguna que otra cosa, para poder plasmar su proyecto político. El sorpasso del que hablaba Anguita. Vamos, digo yo. Si no, ¿Para qué se presentan? ¿No será que se conforman con una posicion electoral marginal que les permita mantener cierto puñadito de diputados tranquila y cómodamente en la oposición? Mi hipótesis, entonces, sería un juicio de intenciones aún más cruel, no sólo son efectivamente de la misma clase política, sino que encima se venden por las migajas que le dejan los demás.

miércoles, 25 de julio de 2012

La mentalidad imperialista



No creo que sea necesario añadir nada a esta comparación:


-  “Creo que nuestro país es la mayor fuerza de bondad que el mundo haya conocido jamás y que nuestra influencia es más necesaria ahora que nunca”.

Mitt Romney (1947- ) Candidato del Partido Republicano a la presidencia de los EE.UU.
Fuente: El País

- " La Gran Bretaña es, después de la Providencia, la fuerza bienhechora más grande del mundo".

Lord Curzon (1859-1925) Virrey de la India
Fuente: José Luis Comellas: Los grandes imperios coloniales. Madrid, Ed. Rialp, 2001. Página 58.


sábado, 21 de julio de 2012

Democracia, dicen

La actual crisis está dejando al descubierto las mentiras sobre las que se asienta nuestra sociedad: democracia y libre mercado. Karl Marx ya expuso con la clarividencia que le caracterizaba que la ideología es una falsa conciencia, un conjunto de ideas y valores falsos que maquillan y justifican el dominio de los unos sobre los otros.

A la hora de la verdad, cuando las cosas van mal dadas, quedan patentes cuáles son las prioridades. Los sucesivos gobiernos de Zapatero y Rajoy se han centrado en evitar que quebraran diferentes entidades bancarias que habían seguido arriesgadas estrategias de negocio, empujadas, beneficiándose y generando la burbuja inmobiliaria que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos. Para evitar el colapso de esas entidades financieras, el Estado les ha estado aportando - y lo que te rondaré morena- ingentes sumas de dinero público.

Y como no hay pasta, se saca de todas partes, mostrando sin ningún asomo de dudas, las prioridades gubernamentales: subir el IVA y el IRPF -nada de subir impuestos al capital, desde luego-, recortar sueldos de los funcionarios, pensiones, prestación de desempleo, recortar servicios públicos, etcétera, etcétera. Por supuesto, eso no es suficiente y el Estado ha tenido que endeudarse muchísimo generando un enorme sinsentido: financiar el sistema financiero a un interés menor de la deuda que adquiere el Estado con el sistema financiero para financiarlo. Digno de otro Marx: Groucho y sus hermanos.

La democracia es el bello ideal del poder del pueblo. Pues bien, todo esto se ha hecho de espaldas al conjunto de los ciudadanos. No ya sin permitir escoger, sino sin explicar las consecuencias. Como si fuera totalmente inevitable. Pero, ¿lo es?

Por supuesto que es evitable. Y no sólo eso, sino que sería mucho más justo y consecuente. Absolutamente todos los españoles estamos pagando - y con especial virulencia los que menos han tenido que ver con el asunto- las malas decisiones empresariales de unas cuantas -muchas e importantes, es cierto- entidades privadas. La ideología -ya sabemos, la falsa conciencia- capitalista se fundamenta en el libre mercado competitivo en el que quien no es rentable, el que pierde pasta, quiebra. Eso es así para el Bar Pepe, la Inmobiliaria Timo's y tantísimos otros. Pero se ve que no, ni de coña, para Bankia o Catalunya Caixa. Me gustaría saber por qué no protestan enérgicamente el Banco Santander y La Caixa por semejante ayuda a su competencia. Se alega, con razón, de que el sector financiero es estratégico y de interés general para un país. Desde luego. Por eso mosquea que el regulador del sector, el Banco de España, y el poder ejecutivo y legislativo, es decir, PPSOE, hayan permitido tanto mal negocio. Y que se vayan todos los implicados de rositas, con suculentas indemnizaciones.

En resumidas cuentas, ni se respeta la voluntad de la mayoría ni las leyes del mercado. ¿Por qué tantas transgresiones subversivas del teórico orden imperante? ¿Qué pasaría realmente si se dejara quebrar a los bancos? Quizá lo acabemos viendo porque la situación no para de empeorar. No soy economista, craso error por mi parte, pero se me ocurre que la situación razonable hubiese sido que el Banco de España hubiese obligado a cerrar a los bancos antes de que no pudiesen garantizar los depósitos, es decir, las cuerntas corrientes de los clientes. Liquidar el negocio, la peña que invirtió en esos productos financieros tan lucrativos, planes de pensiones, plazos fijos y demás, pierden dinero, los directivos responsables se les exigen responsabilidades por su mal trabajo y se hacen los cambios legislativos necesarios para que no vuelva a pasar. Es decir, perdería mucho dinero mucha gente, sin duda, pero los que se han beneficiado del tinglado. El panorama económico español estaría chungo, por supuesto, pero no acierto a ver por qué este panorama sería peor que el actual. Agradecería que algún bondadoso economista me aclarase las consecuencias. Y sobre todo, no acierto a comprender por qué, ya que esto es una democracia, no se nos da a los ciudadanos españoles la posibilidad de escoger opciones tras una buena información.

Si las pasadas elecciones hubiesen sido legítimas, los partidos políticos nos hubiesen explicado el panorama y nos hubiesen ofrecido alternativas. Por un decir, PP rescate a la banca, PSOE que se hunda. Pero no, ambos nos ofrecen, con insignificantes matices, la misma receta. Hemos vuelto políticamente a finales del siglo XIX, a los tiempos de la Restauración, donde dos partidos, el liberal y el conservador, se intercambiaban el poder en ejercicios de caciquismo. Y la involución también va a ser social.

¿A qué se debe? A que todo es mentira. Democracia, libre mercado son sólo hermosas mentiras que velan la realidad: la lucha de clases o más bien el imperio de una clase sobre el resto: la capitalista. Y no, no es la que tiene los medios de producción, sino la que dispone de los medios de financiación. Es gracias a la lucha de clases que se logró el Estado de Bienestar, pero la clase trabajadora se acomodó, confió en partidos de traidores y gozó del consumismo desenfrenado. Y la clase media se dejó seducir con el señuelo de la rentabilidad de los productos financieros. Pero el verdadero beneficiado del sistema es el rentista, que apenas paga impuestos y al que, a pesar de haberse beneficiado de la burbuja inmobiliaria, no se le está haciendo pagar la crisis.

Pero aún nos consienten depositar nuestro voto cada cuatro años. No nos podemos permitir seguir dejándoles hacer. Los perjudicados por este statu quo, que somos la inmensa mayoría, tenemos que implicarnos con nuestro propio porvenir. Y no ejerciendo de súbditos que ruegan un poco de clemencia en manifestaciones más parecidas a procesiones rogativas para que llueva. Hay que aspirar a hacer cierto el bello ideal de la democracia, del poder del pueblo. Hay que ejercer de ciudadano y construir alternativas que verdaderamente nos representen a los que somos mayoría. Hay que cambiar el sistema, estableciendo verdaderos controles al sistema financiero, imponiendo una tributación justa y efectiva a la economía financiera y especulativa. Hay que estructurar el Estado para que sea una maquinaria pensada para la prestación de los servicios públicos. Hay que construir, en definitiva, partidos políticos realmente democráticos, que no sean el instrumento de unos cuantos vividores.