jueves, 13 de agosto de 2009

La religión del RCD Espanyol

Últimamente tengo acceso a los telediarios. Lo sé, es un grave error que me puede deformar la mente, pero cuanto menos me permite pulsar el mundo. Dejo de sumirme en lo que me interesa y me sumerjo en lo que interesa o pretenden que interese. Esto me ha permitido presenciar solemnes muestras de conmiseración colectiva porque ha muerto un futbolista por causas naturales, según parece. Y, ruego que me perdonen, se trataba de un jugador de medio pelo de un equipo de segunda fila (para entendernos, no se trataba de una figura mundial). Ahora bien, la cobertura ha sido espectacular y solemne. Las muestras eran de consternación y la gente parecía sincera. Las imágenes de los aficionados del Español mostraban en procesión una piedad y patetismo no ya laico, sino pagano. Tengo amigos forofos del Español y participaban de este sentir colectivo. Ciertamente, no se trataba tan sólo de sensacionalismo televisivo y enaltecimiento de cuatro frikis, sino de gente normal y mucha. 14.000 personas acudieron a la capilla ardiente en pleno y tórrido agosto. Yo, que me las doy de aficionado del barça, prácticamente por cuestión de religión familiar, me planteo que si se muere un futbolista azulgrana ni se me ocurriría participar en algo así. Pero, y mi padre, clásico sufridor culé, ¿me sorprendería con ese comportamiento?

No me voy a poner moralista recordando muertes más dramáticas o injustas. Ciertamente, las vemos a diario. Gente inocente, desheredados de la tierra que nunca nada han tenido, los vemos cadáveres por guerras indignantes o famélicos sin esperanza, explotados por la avaricia humana. Recientemente vimos también dos jóvenes locales, asesinados por formar parte de la benemérita por una panda de iluminados fascistas y, bien, sí, hubo las muestras de reconocimiento y solidaridad de rigor, pero las justas, las que tocaban de protocolo, pero se reconocían forzadas, o cuanto menos, rutinarias, nada que ver con el furor generado por el futbolista.

Pero, como decía, lo que quiero no es darme ínfulas de superioridad moral y resaltar la frivolidad de la sociedad actual. No. Lo que pretendo señalar son las verdaderas comunidades emocionales, la verdadera identidad de la gente. La que tradicionalmente, también a través de los medios de comunicación, y también a través del deporte, se nos pretende inculcar es la nacional. Cierto es que hay memos que matan y mueren por ese sentimiento de comunidad, hemos aludido a algunos especialmente idiotas. En Cataluña se trabaja en inculcar un sentimiento de estos con descarada profusión. Pero intuyo que con menos éxito que el de los equipos de fútbol. Apostaría que si mañana fenece el Muy Honorable Presidente de la Generalitat (dios no lo quiera) no se llevaría ni de coña las muestras de conmiseración que se ha llevado Daniel Jarque. Bueno, sí, es un politicastro que lleva toda la vida viviendo, y muy bien, de la política. Pero ojo, por mucho que sintiera los colores blanquiazules, el españolista también llevaba toda su trayectoria laboral ganándose la vida muy bien con eso del fútbol. Y el Muy Honorable también pretende sentir mucho los colores que representa. Lo que debe pasar, es que la gente realmente intuye lo que sentenció cierto clarividente: el patriotismo es el refugio de los canallas. O como dijo aquel otro: es la virtud de los depravados.

Lejos, pues, de pretender criticar las pasiones que despierta el fútbol, me parecen muy adecuadas. Es un subterfugio inocuo de las necesidad tribal de la gente. Toda la parafernalia de la guerra, con sus banderas y consignas se canaliza pacífica (la mayor de las veces) y cíclicamente a través de un espectáculo competitivo. Se quiere vencer, aplastar al rival con goles y no con cañones. Es, entonces, estupendo que las emociones, los sentimientos, el sentir de comunidad se ciñan a algo banal como el fútbol, y se aleje al máximo de ese terreno tan comprometido que es la política. La política es, y debe ser, el espacio donde deliberar el funcionamiento más justo de lo público. Es algo demasiado importante para que se lo dejemos en manos de canallas y depravados que pretenden manipular los sentimientos de la gente para acceder al poder o imponer sus particulares emociones. Tiene que ser, pues, ante todo, un espacio exclusivo para la racionalidad.

Tengo que reconocer que todo esto me ha servido para que me mereciera más respeto la afición del Español. Efectivamente, se me antojaban una panda de frikis rematados pendientes de un equipo segundón y vulgar, habiendo en la ciudad un equipo como el Barça que participa siempre en las grandes competiciones continentales, que siempre aspira a triunfos y, ante todo, elabora un juego espectacular disponiendo futbolistas geniales. Vamos, ¿quién es Jarque al lado de Xavi, Iniesta y compañía? Pues un futbolista vulgar, del montón. Pero no, se trata para los del Español de uno de los nuestros, más aún, el capitán de los once chamanes de la comunidad muerto en su plenitud. Visto así, un drama, claro. No sólo es un juego, un entretenimiento de masas, es una ceremonia ritual en la que está en liza la épica de la comunidad. En definitiva, una religión sin idea de trascendencia, pero con una poderosa idea de comunidad espiritual que es, en definitiva, el significado de religión. Y, ciertamente, no pretenden ser más que un club de fútbol.

Sin duda alguna, pues, acompaño en el sentimiento a la afición del Español. Les comprendo. Efectivamente, cada día mueren miles de personas en condiciones más dramáticas, en circunstancias infinitamente más injustas con el desentendimiento de la mayoría, pero eso poco tiene que ver con la comunidad del RCD Espanyol. En nada tiene que ver con su universo simbólico. No se puede ni debe imponer el sentir de la gente y, en definitiva, hablamos de muertes más o menos anónimas. Eso es lo de menos. En poco importa que las grandes injusticias de la humanidad estén en el corazón de todos. A saber si el sentimentalismo al respecto solucionaría algo o empeoraría más la situación. ¿Cuánto se ha utilizado el dolor por el 11S para socavar libertades y justificar brutalidades? Esas grandes injusticias que comentamos, donde tienen que ser una prioridad es, ante todo, en el campo de la política, su espacio adecuado para buscar verdaderas soluciones. Y si alguna responsabilidad tienen es por permitir, como el conjunto de la sociedad, que panda de haraganes accedan manipulando emociones sin preocuparse por su verdadera razón de ser: erradicar las injusticias.

sábado, 1 de agosto de 2009

Chávez, un insulto al socialismo

Lo insinuaba El País ayer: Hugo Chávez insulta al socialismo. Se conoce que en Venezuela se está trabajando una Ley Especial de Delitos Mediáticos que, tal y como explica el rotativo, permitirá sancionar, con penas de seis meses a cuatro años de cárcel, a todo el que a través de los medios de comunicación divulgue informaciones que puedan atentar contra "la estabilidad de las instituciones del Estado", "la paz social, la seguridad e independencia de la nación", la "salud mental o moral pública" y el "orden público", o que "generen sensación de impunidad o de inseguridad" entre la población.

En mi humilde modo de entender lo que apunta no merece comentarios. Para Don Hugo, por lo que se ve, sí: "¡Leyes revolucionarias, inexorables!", pidió Chávez, para "terminar de demoler las viejas estructuras del Estado burgués y crear las nuevas estructuras del Estado del proletariado, bolivariano".

Los defensores del supuesto régimen bolivariano tienden a escusarse en la manipulación interesada de los medios de comunicación, no sólo opositores locales sino internacionales (incluyendo el diario del que saco la noticia). Bien, los médias (que dicen los franceses) cierto es que tienen intereses oscuros, que son tendenciosos y partidistas, por no decir cosas más contundentes, pero no me jodas, si la ley de delitos mediáticos va por ahí, eso no tiene nada qué ver con construir el socialismo, es tan sólo crear un régimen personalista dictatorial.

viernes, 31 de julio de 2009

Reaccionarios

El diario El País publica hoy un interesante artículo de Antonio Elorza. En el artículo, Elorza se hunde en las raíces de ETA y, aunque no lo acabé de enunciar, da a entender que el famoso conflicto vasco se ciñe a una honda pedagogía del odio que se remonta a los estatutos de limpieza de sangre del siglo XV.

Ahora bien, lo qué más me ha llamado la atención del artículo es la lúcida observación de Engels:

A mediados del siglo XIX, Engels incluía a los vascos entre las ruinas de pueblos cuyo único papel histórico antes de desaparecer consistía en sostener causas reaccionarias.

Vale a decir que no creo en la existencia de los pueblos como ente con substancia, pero para éstos que sí que creen en esas misticadas, ciertamente, qué visión Engels. Luego los de ETA pretenderán tener algún vínculo intelectual con el marxismo. Pues de parte de Federico y mía: ¡reaccionarios!

viernes, 17 de julio de 2009

Fran Hervías: 'Cuestión de prioridades'

Ecologistes de debó. De verdad de la buena. Qué poca vergüenza, y les siguen votando. No hay nada como ser una mera marca. A ver en qué se gastan los minolles de la dichosa nueva financiación. Miedito me dan.

martes, 7 de julio de 2009

Viñetas, antisemitismo y estrategias de comunicación

Parece ser que esta viñeta de Romeu ha causado polémica. Sin ser particularmente original, el chiste ha dado pie para una nota de prensa para el American Jewish Committee y una carta al director del embajador de Israel en España, donde se acusa al humorista gráfico de caer en el antisemitismo, y de sobrepasar todos los límites permisibles afrentando al pueblo judío. Todo ello, por caer en el tópico.

Sí, bueno, ahora bien, antes de llegar a semejantes acusaciones grandilocuentes, estas personas tendrían que reconocer que el humor gráfico tiende al estereotipo como parte de su lenguaje y lejos de guiarse por ese registro ponderado que se le espera, sin ir más lejos, a un embajador, Romeu, como buen gracioso de periódico, en su estilo narrativo, precisamente, recurre a personajes recurrentes estereotipados para personificar un colectivo. Así, vemos a catalanes con barretina, vascos con txapela, etarras con pasamontañas, representantes del PP con chaqueta cruzada y socialistas en mangas de camisa en su universo iconográfico. No sé hasta qué punto ofenderá Romeu a estos colectivos con estos estereotipos, pero vamos, creo que todo el mundo sabe de qué va eso de las historietas. Es un debate viejo.

Lo interesante es la reacción. El embajador atribuía, ni más ni menos, al humorista la reproducción del imaginario nazi en el chiste. Un embajador israelí es consciente de la gravedad de la acusación. En esto la fundamenta: [en la viñeta en cuestión] el judío está fuera de la humanidad, conspiración internacional para controlar el mundo, dominio económico, avaricia... y, por supuesto, nariz ganchuda, levita negra y tirabuzones.

Todos podemos entender lo sensibilizados que pueden estar los judíos con el holocausto y es normal: 60 años de un exterminio sistemático que sensibiliza a cualquiera. Pero posiblemente un embajador de una República como la israelí tendría que tener especial cuidado de no dejarse llevar por las emociones hasta distorsionar la realidad, porque, ojo, el diplomático infiere que Romeu considera que los judíos están fuera de la humanidad (es decir, imagino, que no son humanos) porque se acusa al Estado Israelí de no respetar las leyes humanas (quizá Romeu es ambiguo, pero cualquier lector entiende que se refiere a los derechos humanos, que tienen su declaración que la ONU hace suya). ¿Exceso de sensibilidad, problemas idiomáticos? No sé. Lo más extraño es que ni más ni menos un embajador de la República de Israel confunda el Estado israelí con la gente judía, una de las quejas más habituales y justificadas al respecto.

¿conspiración internacional para controlar el mundo? ¿avaricia? Por más que le doy vueltas a la viñeta me veo incapaz de captar semejantes insinuaciones. ¿De dónde lo saca el señor embajador? ¿Tan imbuido tiene el estereotipo que lo lleva a su máxima expresión con sólo insinuarlo? ¿se tratará, pues, de una mera cuestión psicológica?

Nos encontramos, pues, ante una reacción exagerada por la reproducción de un estereotipo, que no es más que la representación gráfica de un interlocutor en una escenificación habitual del humorista en cuestión. Es decir, se crea polémica con lo anecdótico, no sé si explotando cierto victimismo. Pero lo verdaderamente interesante es que ni tan siquiera menciona el contenido del chiste. Un lingüista hablaría de la diferencia entre significado y significante o entre fonología y fonética. Es decir, se centran en el signo, tal vez para ocultar el sentido. ¿en definitiva, qué tiene el embajador de Israel en España que decir sobre la acusación de violación sistemática de su Estado del derecho internacional y de los derechos humanos y la forma de lograr esa impunidad? ¿nada? ¿estará, acaso, de acuerdo con esa acusación? ¿le parecerá legítima la opinión y tan solo le indignará el dibujo con nariz ganchuda, levita negra y tirabuzones? Puede ser. Pero no deja de ser curiosa la reacción armónica ante este chiste por parte del Estado de Israel y una organización como el American Jewish Committee cuando está precisamente en boga la influencia de lobbies judios en el apoyo y condescendencia estadounidense a la política israelí respecto al dichoso conflicto palestino, a lo que, de hecho, parece hacer alusión Romeu.

De esta forma la polémica parece menos inocente. Romeu hace una versión pop de un tema candente y los implicados reaccionan obviando el significado para centrarse en el significante y así señalar al autor con el estigma de la ideología nazi. Ciertamente, el conflicto palestino es muy cansino, pero una verdad, por mil veces que sea repetida, no deja de ser verdad. La crítica a la inaceptable política colonialista predominante en el Estado de Israel nada tiene que ver con el racismo ni mucho menos con el nazismo. Así que, más vale no seguir la máxima comunicativa goebbeliana de repetir una mentira mil veces para que se convierta en verdad tratando a la gente como idiota. Más bien tendrían que ir, en todo caso, al meollo explicando su postura sobre esta relación de la que verdaderamente se hace alusión en la viñeta de marras.

viernes, 3 de julio de 2009

Estamos, en verdad, en la España del Tardofranquismo

Iniciamos, aquí y ahora, una serie de post donde desarrollar la nihilista idea de que, en buena medida, la España actual, la autonómica, es una extraña continuación y consecuencia en muchos aspectos del franquismo, a nivel económico, político, social e ideológico, lamentablemente, sin ser percibido por el común de los españoles.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió una célebre frase en su novela "Il Gattopardo" que venía a decir que a veces, si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Efectivamente, esta frase se ha tomado como referente de un fenómeno político y social de mantenimiento de las estructuras de poder en un contexto global de cambio.

Esto no quiere decir, Dios me libre, que en plan nostálgico-casposo considere que con Franco se vivía mejor. Al contrario, la cuestión es que las transformaciones han sido menos profundas de lo esperado o deseable y que transcurridos 34 añazos de la muerte del dictador la situación económica, social, política e ideológica es consecuencia de todo aquello. En buena medida, un entramado de poder obsoleto ha sido renovado y substituído por otro que, de hecho, mantiene las mismas estructuras de dominación con la conseguida ficción de que es precisamente lo opuesto. A pesar de las transformaciones en todos estos años, el universo ideológico del país sigue incrustado en las mismas coordenadas.

Todo esto, en próximas entregas.

jueves, 2 de julio de 2009

Paro, crisis y cambios estructurales a la espera

Parece ser que el paro ha bajado en unas 55.250 personas, lo cual, evidentemente, es una buena noticia. Imagino que el gobierno procurará capitalizar esa cifra para mejorar su imagen. Efectivamente, como no podía ser de otra manera, el Presidente no ha tardado en señalar que la razón de esta mejora está en las medidas puestas en marcha por el Gobierno, como las ayudas a la financiación, a la compra de coches y el fondo de inversión local para los ayuntamientos, que ha permitido a 16.367 obreros salir de las listas del sector de la construcción de los servicios públicos de empleo, una bajada del 2,3%. En total, este plan dotado con 8.000 millones para pequeñas obras ocupa ya a 391.146 personas.

Bien, entonces el gobierno reconoce que la cifra se debe a la inyección en inversión pública realizadas para paliar la tendencia. Al respecto nada que decir. Efectivamente, el sector público ha de moverse para dinamizar una economía contraída. Lo que me preocupa es que ese gasto se realice para potenciar el consumo de determinadas industrias maduras o en arreglar piscinas municipales y no para potenciar cambios estructurales en un modelo económico poco competitivo o incluso mejorar las limitaciones presupuestarias locales. Es decir, que no sea esto pan para hoy centrado en los sectores tradicionales -y de escaso valor añadido- de la economía española y hambre para mañana de esa nueva economía siempre tan cacareada y esperada, que nunca acaba de potenciarse. Y con los recursos públicos menguantes, es decir, perdiendo, nuevamente, oportunidades de modernizar la economía española.

Las crisis, no lo olvidemos, son periodos de cambio. En un principio, de sectores productivos agotados a otros nuevos que se pretende den mayor valor añadido. Es decir, que no se supere el lance con remiendos para ir tirando, como son habituales, por ejemplo, las limitaciones de las condiciones de los trabajadores.

Más importante, pues, es potenciar otras tendencias. Por ejemplo, la lamentable llevada a cabo por la juventud española, -inducida, sin duda, a ello- de tender al abandono escolar, al carecer de estímulo el estudio al ser abundante el empleo poco calificado. Parece ser que se está volviendo a las aulas. A ver si los españoles de una bendita vez tendemos a una economía basada en el conocimiento que nos permita gozar de empleos cualificados. A ver si abandonamos el desarrollismo del franquismo, que ya va siendo hora. Sinceramente, no las tengo todas conmigo.