viernes, 8 de enero de 2010

La rentabilidad de la ilegalidad

Prescindir de la ley parece que está de moda por parte de las instituciones en Cataluña, lo cual es particularmente grave ya que las administraciones públicas están especialmente sujetas a la ley puesto que es en función a ésta que pueden actuar. En definitiva, para lo que están es para cumplirla y hacerla cumplir. Así pues, es una actitud un tanto osada ya que así difícilmente pueden tener legitimidad ante la ciudadanía para intentar hacer cumplir nada y ponen a la fiscalía del Estado en el brete de tener que intervenir. Y no es que se rijan por la antigua máxima de que se acata pero no se cumple porque el principio, no sé si jurídico, al que se acogen es el de que, como el de antaño, sólo responden ante Dios, que en este caso es la Nación, y la Historia.

El último caso nos transporta a la hermosa población de Vic, donde el consistorio ha tenido a bien saltarse la Ley de Bases de Régimen Local decidiendo no empadronar a los extranjeros en situación irregular a pesar de su obligación de hacerlo. Los munícipes arguyen que la medida pretende hacer frente estas irregularidades y los problemas que generan. Nadie pone en duda que la inmigración irregular es problemática, ahora bien, los ayuntamientos poseen poderosos instrumentos para hacer frente a muchos de esos problemas, especialmente los que inciden en la marginalidad que la acompaña, su fuente fundamental. Por supuesto, es mucho más cómodo, barato y rentable electoralmente cargar contra esa gente saltándose la legalidad que llevar a cabo políticas eficientes contra la marginalidad en el ámbito de sus competencias.

Sin duda alguna, los vigitanos hacen muy bien reflexionando sobre los motivos del elevado número de extranjeros en su municipio y las formas de abordar un fenómeno que significa el 23% de la población. Pero habría que centrarse en cuestiones como la natalidad o las condiciones laborales para entender la situación y no limitarse a mirar desde el rechazo al forastero. Esta actitud la ha ido enarbolando la correctamente denostada Plataforma per Catalunya, pero la ilegalidad la ha llevado a cabo un gobierno municipal formado por CiU, PSC y ERC siguiendo los alarmantes planteamientos del partido de Josep Anglada.

La preocupante pregunta es si estos partidos pretenden combatir electoralmente a PxC asumiendo sus planteamientos, lo cual significaría su victoria, además de una demostración más de la impostura de estos partidos con sus pretendidas posiciones respecto a la acogida y la integración, por no hablar de su evidente prioridad electoralista. Ciertamente, me gustaría saber si las direcciones de estos partidos tienen prevista alguna medida disciplinaria para sus compañeros vigitanos.

Vic fue la población donde más éxito tuvo el pasado 13 de diciembre la oleada de consultas sobre la secesión de Cataluña. Paradójicamente, se permitió a los extranjeros empadronados participar en la actividad, medida acertada para dar la imagen de respeto a la pluralidad. Pero a nadie se le debería escapar que nacionalismo y xenofobia son las dos caras del desprecio a la diversidad, del afán de cerrarse al mundo. Ojalá no se confirme su fusión, porque todo esto mezclado con el desprecio a la legalidad nos puede llevar a una situación muy desagradable.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Parecidos razonables

Un servidor escribió el otro día un articulillo en el que hablaba de las veguerías. Hoy Enric Hernández publica otro en el diario El País con contenido similar y conclusiones acordes, aunque, sí, probablemente mejor escrito. No soy tan vanidoso como para considerarme plagiado, pero sí lo suficiente como para señalar la coincidencia en la evidencia, siempre gratificante cuando es con un profesional. ¿Qué opinará el periodista de esta concordancia con una opinión publicada en un órgano de un partido político? Lo saludable sería sentirse representado.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Chuck Norris y la virgen María



Según he podido leer por ahí, el brillante intelectual Chuck Norris ha comentado en un artículo que si la virgen María hubiese podido acceder a la cobertura sanitaria que propone Obama quizá hubiera abortado su indeseado embarazo. Me parece un planteamiento apasionante. ¿Qué hubiese pasado si la virgen hubiese preferido no tener un hijo ilegítimo con Dios? Por supuesto, es imposible saberlo aunque da mucho juego a elocubraciones históricas al estilo de las escalofriantes que se le ocurrían a Lionel Hutz sobre un mundo sin abogados.

Quién sabe si la virgen hubiese preferido ahorrarse disgustos y el papelazo que le tocaría a su marido (Chuck, estaba casada con José, no era madre soltera, si acaso, adúltera), pero sorprende que alguien que va tan de cristiano como el desaparecido en combate no sólo muestre tal desconocimiento de las escrituras, sino que se le ocurra semejante blasfemia: según la tradición crisitiana, la virgen aceptó el destino que el arcángel Gabriel le había anunciado. ¿Cómo se le ocurre a un cristiano que la madre de Dios hubiese preferido abortar al mesías? Hombre, como ocurrencia tiene su gracia, porque vaya ojo entonces el del omnisciente.

La verdad es que con el cansino debate del aborto se utilizan argumentos increíblemente peregrinos que pretenden más que racionalizar el asunto, no sé si llegar a las emociones o sencillamente generar miedos y prevenciones irracionales que, la verdad, llegan a extremos ridículos. Algo esperable, de todas formas, de un intelectual de la talla de Chuck Norris. Mejor que se dedique a dar patadas y poner cara de madelman, que es lo suyo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

La privatización de la sanidad del psC y sus cortinas de humo

El escenario no parece casual y en política es raro que lo sea. Sin duda, lo que sí que resulta, es ilustrativo. Cuando algunos decimos que el nacionalismo, entre otras muchas ignominiosas cosas, es una cortina de humo con la que aletargar a la sociedad con banalidades que nos distraen de las cuestiones verdaderamente importantes sobre las que se tiene que dedicar la política, nos referimos, precisamente, a este tipo de cosas: este fin de semana, las legiones de independentistas paniaguados por el erario público han organizado una performance de referendos de independencia por media Cataluña captando la atención de todo el mundo, mientras tanto, el psC desvela lo que tiene pensado para su programa electoral de las autonómicas, ni más ni menos, la privatización de la sanidad pública, a través del copago de la visita al médico y la gestión empresarial de los centros sanitarios.

Partido de los socialistas, se hacen llamar. Menudo fraude. Va siendo verdaderamente hora de que los votantes socialistas y los catalanes en general nos hagamos un sencillo planteamiento: ¿en qué queremos dedicar los recursos públicos, en ir construyendo naciones o en tener unos servicios públicos de calidad? Cuando la Generalitat dedica cientos de millones de euros a cosas como política lingüística, subvenciones a medios de comunicación o abrir pseudo-embajadas donde colocar familiares y amigos, el que se planteen cobrar por ir al médico no sólo es vergonzoso, sino que tiene que ser un toque de atención para que los ciudadanos se planteen que tiene que cambiar el paradigma político en Cataluña.

Los partidos del espectro político nacionalista que llevan gobernando 30 años Cataluña, con sus variantes que van del independentismo al sutil catalanismo, se dedican a narcotizar a la sociedad con sus airadas reclamaciones, para que señalando oportunamente a Madrid, descuidemos sus mangoneos tipo Pretoria o, sencillamente, su responsabilidad a la hora de gobernar. Porque en Cataluña, en vez de la religión, es la nación el opio del pueblo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

En misa y repicando


Hoy he tenido el enorme placer de leer una entrevista al que va recibiendo la alternativa en el liderazgo de ICV: Joan Herrera. Resulta enternecedor cuando llama a la rebelión ante la desafección de la ciudadanía ante el poder político. Quizá no se ha dado cuenta de que su formación política está en el gobierno, no sólo de la Generalitat, donde ocupa su presidente la conselleria, ni más ni menos, de interior, relaciones institucionales y participación, sino de muchos ayuntamientos. Debería entender que no es coherente tratar de estar en misa y repicando, ya que la cosa va también con ellos y bastante responsabilidad tienen en el asunto. Luego encima viene con que la suya es "una propuesta ética y de regeneración democrática". La verdad es que le agradecería a los chicos de ICV que no sólo hicieran un ejercicio de autocrítica, sino que dejaran de arrogarse esa superioridad moral de la que le gustan hacer gala, ya que, como tantos otros, se apalancan en y por el poder.

Y es que los de ICV no pasan de ser los tontos útiles del PSC, siempre dispuestos a prestarle graciosamente sus votos a cambio de algún carguillo, eso sí, sin que les hagan demasiado caso a la hora de tomar decisiones. En esos casos, el PSC prefiere entenderse con Convergència que con sus eternos socios de gobierno, quizá con el convencimiento de que a los de ICV siempre los tendrá a mano. En esta legislatura en el Parlamento de Cataluña lo hemos visto con una prodigalidad que raya la humillación: LEC, transgénicos...

El PSC de una tacada consigue de ellos sus votos, la legitimación de un apoyo y la anulación de una posible oposición. Lógicamente, está tan encantado que hasta se toma el lujo de pactar gobierno con ICV incluso allá donde no los necesita, como el ayuntamiento de L'Hospitalet de Llobregat, donde los socialistas gozan de una inmensa mayoría absoluta. ¿Qué consigue Iniciativa de sus pactos de gobierno? Considerando que no logran imponer su programa y pierden la posibilidad de hacer oposición, parece bastante evidente que tan sólo gestionar el poder. Por eso, al leer a Herrera cosas como "más importante que si una consejería o cual, a mí lo que me hace ilusión es cambiar la realidad", a uno le asalta la duda de si es un cínico redomado o de una candidez inaudita.

jueves, 19 de noviembre de 2009

"Ni Cataluña es el País Vasco ni el PSC es el PSE"

Acertadísimas palabras, por una vez, de nuestro entrañable Molt Honorable: "Ni Cataluña es el País Vasco ni el psC es el PSE". Efectivamente, Cataluña no es el País Vasco a pesar de que muchos pretenden emular a Batasuna en el Principado. Sin ir más lejos, esos sentidos patriotas que pretenden estrujar el Estado de Derecho convocando consultas de independencia en muchos municipios catalanes para el día trece de diciembre. Todo ello, con el apoyo en pleno municipal de muchos alcaldes y concejales socialistas, contando con la entera condescendencia de José Montilla, primer secretario del psC y, por supuesto, Presidente de la Generalitat de Cataluña. Algo que, incluso con Plan Ibarrexe de por medio, no hemos visto en Euskadi y, ni mucho menos, al PSE.

Así es, lamentablemente, el psC no es ni de lejos el PSE. Se agradece que lo aclare para evitar confusiones, que con las siglas de los socialistas de Cataluña es fácil caer en equívocos. Algunos, inocentes de nosotros, esperábamos que la acción de gobierno del psC en la Generalitat fuese en la linea que ha ido demostrado en el País Vasco Paxi López: gobierno integrador, con discurso propio, un verdadero cambio respecto al conservador nacionalismo imperante. Pero desde el principio el psC se ha ido confundiendo con CiU no sólo en la forma de gobernar, ya que hemos llegado hasta el punto de que se les enganche, codo con codo, en los mismos casos de corrupción.

Efectivamente, ni Cataluña es el País Vasco ni el psC el PSE como apunta el President. "Las circunstancias son muy diferentes", aclara. Particularmente por el respado entusiasta del pretendido partido de los socialistas de Cataluña de los proyectos y políticas más esencialistas del nacionalismo catalán. Quizá, entre una cosa y otra, por eso cada vez suena con más fuerza un gobierno sociovergente para la próxima legislatura. Al menos será un ejercicio de coherencia y nos ahorrarán el espectáculo de una impostura de cambio.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Celebrando la caída de un muro

Esta semana ha estado marcada por la celebración del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Ciertamente es un hito conmovedor porque fue propiciado por el pueblo anónimo deseoso de acabar con una barrera levantada contra él. La caída del muro simbolizó, a su vez, el final del régimen soviético, si bien su fracaso lo evidenció, precisamente, la necesidad de construir un muro para evitar la huida de la gente de lo que debía ser la patria de los trabajadores, el paraíso del hombre libre. Finalmente, el sueño bolchevique se demostró que se había convertido en una pesadilla de represión y carencias. La gran lección tendría que haber sido que el socialismo no tiene sentido sin democracia, que no se puede separar el binomio igualdad y libertad y que el colectivo, en definitiva, ha de estar para el bien de todos y cada uno de sus miembros, es decir, aspirar a la igualdad de oportunidades para que todos podamos ejercer nuestra libertad individual.

La izquierda en estos últimos años no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. La socialdemocracia hegemónica no ha sabido dar respuesta a los retos del presente, timorata ante la ley del mercado y satisfecha gozando de las estructuras de poder. Por otro lado, esta semana hemos podido ver en su esplendor a los representantes del PCE, alma mater de IU, aferrados a un pasado poco edificante, incapaces de elaborar un nuevo discurso, tibios ante el autoritarismo e incluso, en algunos casos, condescendientes con el fascismo abertzale.

Mientras tanto, otros muros igual de ignominiosos se yerguen en el mundo. La BBC los ha recopilado para este vigésimo aniversario. Mucho se ha de trabajar para que no haya más muros lamentables. Por su lado, otros lunáticos sueñan con establecer nuevas barreras y preparan consultas ilegales para levantar nuevas fronteras que dividan a los ciudadanos. Triste ironía, mientras unos ciudadanos europeos celebran la caída de un muro que partió su país durante décadas, otros trabajan para dividir el suyo, con la complacencia de una clase política que no ve más allá de su inmediato beneficio.