miércoles, 10 de octubre de 2012

Ciencias sociales sin sentimientos, por favor

Me congratula como historiador y como aspirante a docente, la nueva polémica que nos brindan nuestros estimados representantes políticos. Parece ser que José Ignacio Wert, con la fineza y profundidad de pensamiento que caracteriza a los ministros de educación y cultura de este país, ha afirmado en las Cortes que el interés del Gobierno es "españolizar a los alumnos catalanes" con el fin de que "se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes". Y ha recalcado "la deriva que ha tomado parte del sistema educativo en Cataluña facilitando que se produzca un ocultamiento o una minimización de los elementos comunes, particularmente los históricos, que configuran la historia de Cataluña dentro de España". Como no podía ser de otra forma, han surgido, por lo visto,  infinidad de voces indignadas: así la consellera Rigau ha negado que la escuela catalana adoctrine a sus alumnos en ningún tipo de nacionalismo e incluso Joan Herrera se ha descolgado calificando las palabras de Wert de "salvajada" y de "lenguaje de otras épocas".

Parece una obviedad que una educación democrática se ha de fundamentar en el conocimiento científico y ha de aspirar promover ciudadanos críticos y autónomos. Es decir, no pretender inculcar sentimientos ni manipular la realidad para ello. ¡Ay! ¡Ingenuos de nosotros! Una de las lecciones que me impartió mi profesor del CAP fue que la pervivencia de la Historia en los currículos académicos no se debe a la sensibilidad por la reflexión histórica de nuestros dirigentes, sino por su utilidad para generar adscripciones identitarias que involucren a las masas con el poder político. Así que pedir a los politicastros que dejen la Historia a los que sí tenemos licencia para tratarla es un ejercicio de melancolía improductivo.

Los dirigentes catalanes se han puesto exquisitos ante el ministro negando la mayor. Quizá no se han leído los decretos de la Generalitat al respecto. Yo, desgraciadamente, sí, bastante. Y como el ministro Wert, también le dan bastante a eso de la identidad. Como muestra parece relevante.  Así, en el decreto 143/2007 del 26 de junio, donde se establece la ordenación de las enseñanzas de la educación secundaria obligatoria (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, núm. 4915, de 29 de junio de 2007), se nos dicen cosas como les Ciències socials, geografia i història han de facilitar el desenvolupament de la consciència ciutadana de l'alumnat. Aquesta consciència els ha de permetre donar sentit a les relacions entre el passat, el present i el futur, i a la seva identitat territorial i cultural. O cosas como l'estudi de les diverses realitats socials del present i del passat hauria de conduir l'alumnat a [...] construir el sentiment de pertinença i la seva identitat social, política i cultural.

Sí, un lenguaje más alambicado y sutil que el del burdo ministro Wert. Resultaba mucho más claro el Decreto 179/2002, de 25 de junio, ( Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, núm. 3670, de 4 de julio de 2002) en el que se exponía sin tantos remilgos que l’estudi del passat ajuda a entendre el present i a conèixer i contextualitzar les arrels culturals del país, amb la qual cosa es contribueix al procés de cohesió social i d’arrelament nacional. S’entén també que tant la geografia com la història van adreçades a unes persones que són els joves i les joves ciutadans/nes d’una nació (Catalunya) emmarcades en un estat (Espanya), en una identitat genèrica (cristiano-occidental i mediterrània) dins d’un món on s’articulen d’altres cosmovisions i identitats. És per això que les característiques plurals i diverses de la nació catalana, també la seva geografia i la seva història, han de vertebrar en bona part la configuració dels continguts de l’àrea com a expressió de la identitat pròpia dins d’Espanya. Així mateix, des d’aquesta àrea, s’ha de fomentar el coneixement i respecte per les altres identitats i cultures diferents a la pròpia, i concebre-les com una font d’enriquiment personal i col·lectiu, entre moltes altres raons perquè en molts casos són elles mateixes elements històrics que han contribuït i contribueixen a la definició actual de Catalunya.

No cabe duda que la educación catalana, especialmente en eso que llaman ciencias sociales, adolece de lo que denuncia el impresentable de Wert, a buenas horas se dan cuenta, pero la solución no puede ser contrarrestarla con más de lo mismo pero en otro sentido, sino eliminar toda pretensión de inculcar sentimientos a través de la educación. Resulta, más que paradójico, revelador que no se den cuenta de ello los que acusan a la Educación para la Ciudadanía de ser un instrumento de inculcación de ideología. Asco de politicastros.





 

No hay comentarios: