jueves, 22 de octubre de 2009

El doblaje del cine, un extraño objeto del deseo nacionalista

Vaya país de pandereta. Resulta ridículo si no ofensivo, que con la que está cayendo con la crisis, se abra de nuevo por parte de la Generalitat el caduco debate de los doblajes en catalán. Pesados fanáticos que nos gobiernan, a ver por cuánto nos va a salir la bromita, porque es mucho más caro conseguir la sonrisa de un nacionalista que la de un niño.

En muchos países, sencillamente, las películas no se doblan, lo cual permite muchas ventajas: a parte de ser más económico, la gente no se acostumbra a vivir en la bolsa monolingüe por la que suspiran tantos nacionalistas catalanes y además se potencia una industria local de cine. De hecho, el doblaje del cine en España es herencia de la política cultural franquista, de la que son fieles seguidores nuestros entrañables nacionalistas actuales: mismas prácticas para un mismo fin, cambiando tan sólo el objeto: del castellano al catalán. ¿Cuántos años tendremos que esperar para que se nos deje políticamente en paz con las lenguas? Me temo que, como diría El Hermano Lobo, uuuuuuuuuuuuu.

Por el momento anuncian sanciones, por las que sienten especial predilección, pero tal y como está la industria del cine, no tardará en caer una lluvia de millones que bien procurarán disimular. El horno no está para ostias con medio millón de parados en la Comunidad Autónoma y poco se entenderá que los tan suspirados millones de la financiación autonómica vayan a gansadas como ésta. Ahora, en todo caso, en un ejercicio de coherencia, espero que propongan lo mismo para el doblaje del cine al aranés en la Val, o cuanto menos que hagan el esforzado ejercicio de intentar explicar por qué pasan de ello.

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