miércoles, 7 de octubre de 2009

"Nosotros no jugamos con moñacas pero que nadie se sienta ofendido"

Llega de nuevo de Francia una de esas polémicas que tanto me gustan. Parece ser que hay un equipillo de fútbol de aficionados llamado Créteil Bébel cuyos componentes aseguran ser musulmanes practicantes y que, debido a esas convicciones que juzgan mucho más importantes que un partido de fútbol, no están dispuestos a jugar contra otro que, pretendiendo combatir la homofobia en el fútbol, se llama París Foot Gay. Entiendo y comparto que las convicciones de cualquiera son mucho más importantes que un partido de fútbol, quién lo va a negar, pero no le veo la más mínima relación. En nada sacrifican esas convicciones suyas jugando a fútbol con alguien que practica algo que ellos puedan considerar una aberración. Yo considero una aberración intelectual confesar cualquier tipo de fe y no por ello me niego a jugar al fútbol o realizar cualquier actividad que no implique abrazar esa fe con ellos, de hecho, de la misma forma que no estoy interesado en llevar a cabo prácticas homosexuales.

Además, los futbolistas del Créteil Bébel ignoran una de las grandezas del deporte: poder vencer al adversario, con la satisfacción que implica, sin que nadie tenga que salir cadáver. Pero quién sabe, a lo mejor lo que les preocupa es salir derrotados por unos maricas.

Ahora bien, lo que más me ha cautivado es que desde el Créteil Bébel han declarado que no están de acuerdo en ser obligados a jugar un partido con otro que se presenta como "portaestandarte" de la causa homosexual, a la vez que aclaraban que "si hay alguien que se ha sentido vejado, pedimos disculpas". Maravilloso intento de tratar de nadar y guardar la ropa: "Nosotros no jugamos con moñacas pero q nadie se sienta ofendido". "Me cago en tu putísima madre, pero no va contigo".

Como no podía ser de otra manera, se enfrenta este equipo a la posibilidad de ser expulsado de la competición y acabar en los tribunales. Normal, tendrían que saber estos muy devotos futbolistas que la discriminación, a parte de ser de muy mal gusto, es delito. Lo lógico es que si la vivieran en sus carnes lo llegarían a compartir. Mientras tanto, lo que yo recomiendo al resto de adversarios de este peculiar equipo, no sólo como reivindicación del valor de la tolerancia, es que se proclamaran a su vez como"portaestandartes de la causa homosexual". Al menos se asegurarían tres puntitos que siempre van bien además de implicar una expulsión de facto.

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